Parece ser que en este mundo, cada vez más carente de valores éticos, se está imponiendo el materialismo más extremo. El valor del dinero prevalece sobre cualquier otro valor. Así que estamos viendo cómo los “mandamases” que más dineros tienen ejercen su poder sin respetar las más elementales normas de la Democracia y de la Justicia. Estos mandamases pueden robar cuanto les apetezca, porque les ampara el poder del dinero, sobre todo cuando ese dinero se utiliza para fabricar armas que los demás no tienen. Bien podría llamarse a esta manera de actuar como “la razón de las armas”.
Las formas para actuar de esta manera van en consonancia. De modo que “antiguos valores” como la Educación y el Respeto se están perdiendo, hasta el punto de que se insulta groseramente a quienes los defienden. Formas que se han ido extendiendo en todos los ámbitos de no pocas sociedades. Por poner un ejemplo, quienes antes se consideraban adversarios políticos, que respetaban unas mínimas normas de educación y de diálogo y que presentaban sus programas electorales, como base para unas elecciones, ahora son enemigos irreconciliables que sólo se “comunican” entre ellos por medio del insulto y del bulo.
En resumidas cuentas, estamos inmersos de lleno en una involución mundial que está borrando aquellos valores universales y democráticos que tanto costó conquistar y que fueron establecidos para que no se repitieran los errores que condujeron a la humanidad a otras guerras devastadoras. Valores que han sido sustituidos, sin miramiento alguno, por la aporofobia, el racismo, el machismo y s otras fobias más que atentan contra las personas, como la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad sexual, la libertad de culto y otras libertades. Libertades que, por respeto, deben de tener un límite: que no invadan las libertades de los demás.







