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Hay comercios que a lo largo de su trayectoria terminan formando parte de la vida de una ciudad y Tejidos Castillo ha sido uno de ellos. Tras 150 años de actividad el establecimiento más antiguo de Tudela ha bajado definitivamente la persiana, poniendo fin a una historia familiar que ha acompañado a generaciones de tudelanos desde el siglo XIX.

El Ayuntamiento de Tudela ha querido rendir homenaje este miércoles a la familia responsable del negocio en un acto en el que el alcalde, Alejandro Toquero, y la concejala de Comercio, Irune García, han hecho entrega a la familia de una carta y una distinción enmarcada para reconocer la trayectoria de un comercio que ya forma parte de la historia de la capital ribera.

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En el acto estuvieron presentes Sofía Castillo, Martín González, Enrique González y la esposa de este último, representantes de la saga familiar que ha mantenido vivo el negocio durante cuatro generaciones.

Un comercio nacido en 1875

La historia de Tejidos Castillo comenzó en 1875, cuando Saturnino Castillo, natural de Sarvisé, en Huesca, abrió el establecimiento junto a uno de sus hermanos. Sus primeros pasos se dieron en la calle Carnicerías, aunque años después, en 1891, el comercio se trasladó a su ubicación en la calle Concarera haciendo esquina con la plaza del Mercado, donde ha permanecido.

Desde entonces, el negocio ha pasado de generación en generación. Primero continuó su hijo Enrique, posteriormente su nieto —también Enrique— y más tarde José María y Sofía Castillo, quienes mantuvieron la esencia del comercio tradicional en pleno corazón de Tudela. La última etapa ha estado encabezada por los hermanos Enrique y Martín González Castillo, que han permanecido al frente del establecimiento hasta su jubilación.

El cierre de Tejidos Castillo en Tudela supone la desaparición de un comercio histórico, un lugar ligado a recuerdos, compras y una presencia cotidiana para quienes que pasean por el durante décadas la vida del centro de Tudela.

Con este homenaje el ayuntamiento ha querido resaltar el valor de la dimensión más humana y cercana que aporta el comercio local que cada día levanta la persiana y, casi sin saberlo, se suma a la historia cotidiana de una ciudad.

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