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Ética, por Pepe Alfaro

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Hasta hace bien poco, nos sentíamos orgullosos herederos de la Ética, esa disciplina que los griegos nos legaron tras tantos siglos de Historia. Discernir entre el Bien y el Mal en los diferentes aspectos de la conducta humana fue un valioso logro que consiguió ser un referente para nuestro comportamiento. Todo surgió con la finalidad de fomentar un pensamiento crítico ante las diferencias culturales, religiosas y políticas, para llegar a consensos necesarios para la convivencia. Dicha Ética influyó notablemente como fundamento de la Democracia, sobre todo en aspectos como el Derecho y la Cultura. Por eso, la Ética no trata de imponer valores propios de algunas doctrinas dogmáticas, sino que alienta a fomentar relaciones basadas en los “Principios de no agresión” y en el “Sentido común”.

Una rama de la Ética es la Deontología, que se refiere a los deberes, y que rige diferentes actividades, sobre todo de tipo profesional. De ahí que haya diversas profesiones que tienen explicitado su propio Código Deontológico, donde se hace constar los deberes y normas de cada profesión. Y, dentro de esta “Deontología profesional”, cabe citar subdisciplinas como la ética médica, la ética de los negocios y la ética militar, ampliándose incluso a otros ámbitos más generales como, por ejemplo, la ética ambiental.

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Pero, por desgracia, vivimos tiempos en los que se intenta tirar por tierra estos principios éticos tan necesarios, cuyo principal objetivo es lograr la Paz. No es de extrañar que, como consecuencia, haya quien trate de imponer el “utilitarismo”, que sostiene que una acción será correcta cuando sea favorable a una mayoría o el “consecuencialismo”, que defiende que ciertas acciones deben juzgarse en función de que sus consecuencias sean o no favorables a la autoridad que las impone.

Y lo peor de todo, es que este tipo de actuaciones se va consolidando cada vez más en diversos sectores sociales, alimentado por el odio, el materialismo o la comodidad, sustituyendo al mensaje moral que sostiene la Ética.

Vivimos malos tiempos, pero tenemos la obligación moral de que, al menos en nuestra actuaciones individuales, luchemos por los valores que defiende la Ética.

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