La veracidad y la rapidez de la información siempre fueron un loable objetivo humano. A ello contribuyeron, sin ninguna duda, los avances de la tecnología, hasta el punto de que cualquier acontecimiento mundial es conocido en todas las geografías del planeta a los pocos segundos de producirse,
Pero el homo ignorans que, según los científicos y filósofos, es la actual especie hacia la que evoluciona su predecesor homo sapiens, se caracteriza por dar la vuelta a los logros conseguidos, para revertirlos. Lo estamos viendo en diferentes ámbitos de la Vida: cuando hay periodos de Paz, se monta todo tipo de guerras, y cuando se alcanzan grandes grados de Solidaridad con los necesitados, se regresa al racismo o a la aporofobia.
Así que, en estos tiempos en los que la información había alcanzado límites inimaginables, el homo ignoras ha dado vuelta a dicho avance transformándolo en desinformación. Es decir que ha aprovechado todos los avances tecnológicos temporales de la inmediatez, pero cambiando el contenido de la información por el de la desinformación.
De modo que cualquiera que se acerque a las redes sociales puede adherirse a aquellas informaciones que se adecúan a su ideología sin necesidad de investigar la veracidad de las mismas, en parte porque saber la verdad puede ir en contra de sus dogmáticos pensamientos, lo que puede producir sensaciones amargas en el estómago.
La llamada Inteligencia Artificial es un buen sistema, al alcance de todo el mundo para crear este tipo de desinformaciones, dándoles apariencia de realidad. Pongamos un ejemplo: imaginemos que un mandatario acude a una reunión a la que no quería acudir, porque tendría que responder a preguntas que no le gustan, debido a la incomodidad que las mismas le suponen. Nada mejor que poner término a dicha reunión achacándolo a un tiroteo contra él, cuando, en realidad, había sido tan sólo la explosión de los globos de un niño en las inmediaciones de dicha reunión.
Está claro que a mucha gente le resulta más cómodo propagar bulos que investigar su veracidad, sin darse cuenta de que, con su falta de crítica, está aceptando el peor grado de esclavitud.






