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Involución, por Pepe Alfaro

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El mundo, en general, se encuentra en una evidente regresión de valores, que conlleva la pérdida de progreso en diversos ámbitos sociales, desde lo económico y cultural hasta lo ético e institucional. Es una clara involución que limita el desarrollo intelectual de las personas. Y, a pesar de que han aumentado los canales de información, cada vez hay más desinformación porque se ha reducido la capacidad del pensamiento.

Nuestra sociedad occidental, cimentada en principios y valores filosóficos, que definieron griegos y romanos, ha prescindido de ellos y ya ni siquiera se estudia Filosofía en las aulas, desconociendo así el alumnado el funcionamiento de la mente. En consecuencia, ya no es necesario el pensamiento crítico porque, sin necesidad de esfuerzo, nos viene dado por los algoritmos repetidos en las redes sociales y por la imperante Inteligencia Artificial.

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El debate sosegado, como modelo para hallar soluciones o llegar a acuerdos en los diferentes conflictos que la vida plantea, ha ido desapareciendo, siendo sustituido por bulos y memes de todo tipo. Además, son tan extremos, que se ha creado una polarización de intereses irreconciliables. Este tipo de descrédito afecta a Instituciones que, en otros tiempos, eran garantes de unas conductas ejemplares. Hasta tal punto que el Congreso, el Senado y la Justicia, por citar algunos ejemplos, dejan mucho que desear, tanto por la mala educación de muchos de sus miembros, como por la falta de imparcialidad de sus actuaciones.

En definitiva, esta anulación del pensamiento afecta de tal manera a los individuos, que los poderes fácticos, íntimamente ligados a los económicos, logran convertirlos en una sutil forma de esclavitud, con lo que dichos poderes garantizan la imposibilidad de una revolución.

De este modo, nos dirigimos a un mundo dominado por las máquinas, algo que ya ha sido sobradamente explicado tanto en ensayos como en literatura de ficción, en el que a los individuos se les concederá lo que ya ocurrió en Roma con el conocido dicho “panem et circenses”, que nos narra el poeta Juvenal, en el siglo I de C., cuando criticaba la decadencia moral y política de la sociedad romana. Su traducción “pan y circo”, hace referencia a la estrategia de los gobernantes de mantener a la población distraída y satisfecha con alimentos y entretenimiento, evitando que cuestionen asuntos políticos o sociales profundos.

Y en esas estamos: prescindiendo del pensamiento, la más diferenciadora característica de nuestra especie homo sapiens, para formar parte del cada vez más numeroso rebaño conducido por los perros de presa de los poderosos.

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