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Conspiraciones, por Pepe Alfaro

Este mundo, adorador del verdadero y, por lo tanto, único dios de las redes sociales, en el que cada “quisque” busca, inventa, comparte (o las tres cosas a la vez) noticias que refuercen sus dogmas ideológicos, no puede entenderse sin la CONSPIRACIÓN.

Ya no nos conformamos con ese incuestionable hecho de que cada corazón hispano encierra un conspicuo politólogo, un hiperdemócrata, un adalid de la libertad y un seleccionador de fútbol. Además de todo eso, nos hemos convertido en expertos detectores o multiplicadores de la CONSPIRACIÓN. De ahí que la conclusión siempre está cantada: todo lo que sucede y no se acomoda a nuestra ideología es fruto de la CONSPIRACIÓN. Sólo son ciertas las noticias que nosotros compartimos.

La CONSPIRACIÓN es, por pura esencia, tenaz e incansable. Hasta cuando parece que está moribunda o incluso sepultada, se cura de repente o resucita, según el caso, lo que supone un subidón de moral y de adrenalina para los ya citados poseedores de la verdad absoluta.

Sin ir más lejos, he amanecido con la renacida noticia que tantos esperaban: «Los trenes del 11-M se destruyeron porque la realidad no casaba con la versión oficial». Sánchez de Roda, ingeniero y autor de un libro sobre los atentados, asegura que aún queda «mucho por investigar». No hay mejor manera de convertir un libro en best seller. Y ese “mucho por investigar” nos promete nuevas y excitantes entregas, al modo de las trilogías, pentalogías, decalogías o infinitologías. ¡Qué nervios!

Otra crónica conspirativa reciente a citar es la de que “el policía antidisturbios que se encuentra en la UVI tras la “pacífica manifestación en Barcelona” fue herido por fuego amigo, es decir, producto del impacto de la bala de goma de un compañero”. Aunque el diagnóstico del perito en balística forense lo descarte «de forma categórica» tras analizar los desperfectos provocados en la superficie del casco del policía herido, cuya huella rectangular y restos incrustados indican que se debe a un adoquín, está claro que es una manipulación más. Pero por si falla esta teoría de la pelota, algunos “pacíficos con la cara tapada y portadores de televisores de pantalla plana que acababan de comprar (¡robar no, por favor!)”, afirman que fue fruto de algún policía infiltrado ajeno a su ultrapacifismo.

El espacio columnístico no da para más citas, pero en la redes sociales, cualquiera puede encontrar todo tipo de CONSPIRACIÓN a la medida de sus intereses. Las redes sociales piensan por nosotros, evitándonos el oneroso oficio de pensar por nosotros mismos. Porque el razonamiento, la duda, el diálogo sosegado, el reconocimiento del error y la carencia de insultos es cosa de pusilánimes y vendidos que jamás entenderán que la vida es pura CONSPIRACIÓN.

Y, aunque en la sociedad así nos va, conspiremos, por favor. Si nos quitasen el suero vital conspirativo, la vida carecería de sentido. Y, desde nuestros papás Adán y Eva, tenemos alergia a los paraísos.