Acabo de escuchar a un político criticar a otro político por “pedir diálogo” con motivo de un conflicto bélico. En el contexto se entiende que “pedir diálogo” es un acto de cobardía y que es mejor actuar antes que sentarse a dialogar. Por desgracia, va siendo cada vez más la gente que prefiere recurrir a este tipo de actuaciones, protagonizado casi siempre por las armas, antes que tratar de evitar las guerras llegando a acuerdos mediante el siempre necesario diálogo.
Y es que no hemos aprendido nada de los errores del pasado. Después de la segunda guerra mundial, se sentaron unas bases para tratar de evitar una tercera guerra mundial. La Asamblea general de las Naciones Unidas, creada con esta finalidad, es el principal órgano de deliberación sobre asuntos relacionados con el Derecho Internacional, promoviendo la Justicia mediante tratados multilaterales, construidos sobre la base del diálogo.
Pero, al parecer, todo está quedando en agua de borrajas, porque han coincidido unos cuantos Presidentes de diversas naciones que prefieren actuar indiscriminadamente contra otras naciones porque no les gusta su funcionamiento o porque poseen riquezas fáciles de conseguir por la fuerza. Sus defensores, minimizan las muertes ocasionadas a la población civil, donde la infancia acaba siendo la más perjudicada.
Vivimos unos tiempos en los que la falta de diálogo es un mal general. Los teléfonos móviles y la polarización a la que nos van llevando las redes sociales agudizan esta ausencia y, cada vez con más frecuencia, nos vamos aislando del mundo exterior, por lo que vamos perdiendo la capacidad de pensar con criterio propio y de debatir ideas con quienes nos rodean. Y, así, mientras crece la Inteligencia Artificial a pasos agigantados, algunos de ellos muy interesantes, todo hay que decirlo, vamos perdiendo esa parte tan importante de la Inteligencia Natural que se consigue con el diálogo, previo a cualquier toma de decisiones unilaterales, con el que se han conseguido los mejores logros de la Historia de la Humanidad.






