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¿Y ahora qué? Para solucionar un problema, hay que empezar por hacer un buen diagnóstico, por Blas VJ Simón


Después de las intensas movilizaciones de agricultores en toda Europa, aunque en la práctica era casi imposible saber quién pedía qué y sobre todo porqué, las subsiguientes negociaciones y las respuestas de los Estados miembros alineados con la posición política mayoritaria en la UE, no han cambiado nada sustancial. Ante la cercanía de las Elecciones Europeas, la posición mayoritaria (extrema derecha, populares, liberales y social demócratas) que habían aprobado las últimas normas legales que algunos agricultores no quieren, han echado marcha atrás, legislando contra el futuro de los agricultores y de la mayoría.

Se han obviado a posta los intereses de la ciudadanía, los medioambientales y la composición actual del Sistema Agroalimentario, el relato mayoritario de los medios tampoco en éste caso, ha sido inocente.

El consumidor ya no tiene relación directa con los agricultores, que son el primer eslabón del Sistema Agroalimentario y los que menos influencia tienen actualmente en él. Tanto los Distribuidores que ahora dominan el Sistema y las Industrias Agrarias, han estado desaparecidos y no han participado en las negociaciones, como si no fueran los actores principales en éste asunto.

Sólo han aparecido en los medios de comunicación, si eran citados por los partidos y formaciones sindicales de izquierda o en unas pocas acciones de agricultores relacionadas con productos importados u ofertas de precios escandalosamente bajos.
¿Por qué se ha actuado así? pues porque los agricultores cuentan con la empatía de la ciudadanía. De cara a desarmar aspectos legales que podrían influir en el bienestar de la población, mejor que no aparecieran los actores principales.

Si en las negociaciones no participan la distribución que controla los mercados mundiales de materias primas alimentarias (Traders) y las Cadenas de Supermercados e Industrias suministradoras de inputs e intermediarias transformadoras entre los agricultores y la distribución, difícilmente se podrán controlar ni los precios a la producción y ciudadanía, ni los márgenes de cada actividad, es decir un reparto justo entre los diferentes eslabones del Sistema Agroalimentario.

Ambos deciden qué, cuánto, cómo y a cuanto se compra al agricultor y qué se importa y se exporta.

Salvo un control público de industrias y distribución, que por lo que sabemos no está entre los objetivos políticos de la mayoría, es indispensable que participen en las negociaciones.

Hemos visto a la derecha y la ultraderecha, coquetear con las manifestaciones y los grupos de agricultores, planteando volver a una situación del pasado idílica, como si la disminución de explotaciones, los precios, la falta de relevo generacional o el abandono de las zonas rurales, fuera algo de los últimos tres años. Hay que recordar que la mayor parte de las leyes que se consideran dañinas por el sector, no se han puesto todavía en marcha y la nueva PAC, no llevaba ni un año en vigor.

Los problemas vienen de atrás y desde luego no son fruto ni de programas ecologistas ni de izquierdas que nunca han gobernado la UE, ni los Estados miembros. Por el contrario, una encuesta realizada en Francia sobre la intención de voto de los agricultores en éstas europeas, muestra que serán los partidos de ultraderecha, derecha y liberales los que acapararan la mayoría de sus votos ¿?

La PAC no ha conseguido en sus más de 80 años de existencia, reequilibrar las diferentes agriculturas europeas, sino que ha profundizado las diferencias, ayudando más a las más productivas y grandes. En los últimos años ha ido dando pequeños pasos, primero con el segundo pilar y en la última comenzando a “obligar” a los perceptores de ayudas a reducir los impactos de la actividad agraria en el medio ambiente. Por ésta vía por ejemplo, reequilibrar la dependencia europea de oleaginosas y leguminosas importadas, reduciendo de paso el uso de abonos nitrogenados y en consecuencia la contaminación de aguas y aire.

La UE es uno de los principales exportadores mundiales de productos alimentarios, pero no compite en el mercado mundial por precio. Ningún europeo trabajaría por 1 euro o menos a la hora o al día en algunos países. Los productos europeos, se venden por la seguridad y la calidad, que es la que también demandan los consumidores europeos, ¿estaríamos dispuestos a renunciar?

La competencia entre países de la UE existe, es un clásico los camiones españoles volcados por agricultores franceses. Pero hay diferencias entre los países que hacen que unas producciones echen del mercado a otras.

Por ejemplo, la producción porcina española, ha pasado a ser la primera en la UE por varias razones; la menor densidad de población, una ciudadanía y autoridades más tolerantes a la implantación de macro granjas y el sistema de integración vertical. A pesar de no tener ayudas de la PAC, las ayudas a la producción de cereales de los que somos deficitarios y los tratados comerciales, hacen que los precios de cereales y proteínas se mantengan bajos y así se consigue exportar más del 50% de la producción.

En el mismo sentido, empresas Ucranianas después de inundar el mercado de la UE con pollos, están montando macro granjas en Croacia, para hacer lo mismo pero ésta vez desde dentro de la UE.

Únicamente algunos partidos a la izquierda de los socialistas, han hecho un análisis basado en la ciencia, por una parte asumiendo algunas de las reivindicaciones de los agricultores, pero poniendo el acento en el futuro y centrándose en cuestiones como la protección de la empresa familiar, garantizar los ingresos de los agricultores, protección de las tierras agrarias, reforma de la PAC, paralización y revisión de los Tratados de Comercio Internacional, control del uso de zoo y fitosanitarios para el cuidado de la salud humana y la biodiversidad, recuperar y asegurar la fertilidad de los suelos y la calidad de las aguas, control de la Industria y Distribución.

Es decir una política más conservacionista de los recursos, es garantizar el futuro de la actividad agraria, no al contrario como se repite hasta la saciedad.

Las agriculturas son pues muy variadas tanto dentro del Estado, como a nivel de la UE. Las condiciones pedo climáticas, la orografía, la historia reciente, el nivel de desarrollo de cada región, entre otras han condicionado su evolución. La mayoría de los agricultores rumanos o búlgaros, se parecen más a los españoles, pero a los de hace 30 o 40 años y no se parecen nada a un cerealista polaco, francés o de la llanada alavesa, por ejemplo. No hay una receta única que solucione todo.

Pero si tienen algo en común, es que son los que gestionan directa o indirectamente la mayor parte de la superficie del mundo, de ellos depende directamente la fertilidad de los suelos agrícolas, garantía de la capacidad de producción futura, en muy buena medida la calidad de las aguas superficiales y subterráneas y en una buena parte de los gases de efecto invernadero.

Para que los acuerdos y las políticas que se pongan en marcha sean viables y duraderas, deben participar todos los implicados Ciudadanía, Agricultores, Industria Alimentaria de suministro y transformación y las Distribuciones mayoristas y minoristas, con el apoyo indispensable de la Comunidad Científica.

Revisa las actuaciones de los partidos en el pasado antes de dar tu apoyo.