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Promesas, por Pepe Alfaro


Por “promesa” se entiende, genéricamente, “la expresión de la voluntad de hacer algo por alguien o de cumplir con un cierto sacrificio en caso de conseguir algún logro”.
Pero, en la práctica, hay una amplia casuística de lo que cada hijo de vecino entiende o interpreta por “promesa”.

Una de las más solemnes es, sin duda, la que se asocia a un juramento. En el compromiso adquirido por la persona que promete, bien de palabra o escrito, se empeña su honor o su dignidad. Si, llegado el momento, la persona no cumple con su “promesa”, habrá perdido el crédito o el respeto ante la persona a la cual le falló, pero difícilmente puede sufrir algún tipo de consecuencia legal, por lo que la posible sanción, de existir, suele ser más bien simbólica. Además, el honor y la dignidad son valores del pasado, que no sirven para esta sociedad tan materialista en la que el precio se impone a cualquier valor.

Entre otros usos del término “promesa” están aquellos en los que está acompañada de un calificativo, lo que delimita su significado. Es muy normal usar el término de “simple promesa”, que se utiliza al referirse a aquella que se ha acometido sin necesidad de tener que jurar o prometer y cuyo contenido prometido suele ser una nimiedad. Como también está “la promesa de amor eterno”, que se suele expresar en un momento en que existe un importante grado de voluntad de compromiso, aunque muchas veces resulta difícil su cumplimiento, pues las circunstancias de la vida varían con esa pretendida eternidad, que nada tiene que ver con el momento de su emisión.

Y, en estos tiempos dulces que vivimos, en los que pasamos, sin solución de continuidad, de una precampaña electoral de cuatro años a una campaña electoral de dos semanas, están las “promesas políticas”. Con honradas excepciones, que las hay, estas “promesas” son las de mayor descrédito porque, a sabiendas, se promete lo imposible y sin compromiso alguno, con el único objetivo de conseguir votos entre los posibles crédulos incautos. De hecho, la “promesa” más repetida por no pocas formaciones consiste en, si ganan, “bajar los impuestos y subir las prestaciones sociales”. Algo que va en contra de lo que aprendimos en Matemáticas en la escuela primaria, donde se nos hablaba del equilibrio que debe existir, en cualquier tipo de economías, entre ingresos y gastos.
Entre los numerosos sinónimos de la palabra “promesa” están: oferta, ofrecimiento, ofrenda, palabra, signo, indicio, convenio, invitación, garantía, obligación, juramento, deber, pacto o voluntad. Palabras tan vagas y gastadas que, cada vez, están más vacías de significado.

En fin, que la palabra “promesa” no deja de ser una palabra tan bella como inocente, pero casi siempre sin contenido., por lo que cualquiera puede hacer uso de ella sin que le ocasione problema o gasto alguno. Nuestro sabio refranero lo advierte: “no es lo mismo predicar que dar trigo”. Y, tal como va la cosa, ya nos vamos acostumbrando a que “hoy se prometa más que ayer, pero menos que mañana”.