Estos dos últimos años han supuesto un parón muy importante para el grupo de Danzas de Tudela, uno de los colectivos folclóricos y festivos más veteranos de la capital ribera con 58 años de historia.

El reencuentro con las fiestas, asegura Edurne Jiménez, componente del grupo, va a ser todo un acontecimiento. «Para los de casa van a suponer unas fiestas estupendas, o por lo menos, las estamos esperando con esas ganas», reconoce. «Creemos que la gente necesita divertirse, pasárselo bien y en definitiva disfrutar plenamente de unas fiestas que deseamos que sean las mejores para cada uno. Nuestra apuesta sería que la gente se involucre en todos los actos que haya y que los disfrute con moderación. Sabemos que todo el mundo tiene ganas de fiesta pero no por ello hay que hacer el loco. Hay que entender que todavía hay gente que tiene miedo a salir, y que no está a gusto en lugares con mucha gente, algo que es totalmente respetable», comenta la responsable del grupo.

Para llegar a la cita festiva en plena forma, la treintena de componentes del grupo de danzas de Tudela comenzaron a preparar el regreso a la actividad el último trimestre de 2020. «Cuando se declaró el estado de alarma dejamos de ensayar y de reunirnos, y no fue hasta octubre noviembre del 2020 cuando empezamos a valorar volver a los ensayos», recuerda.

Una de las principales consecuencias de esta situación ha sido la paralización de la escuela, la cantera que año tras año nutre del necesario relevo generacional al grupo. «Esto supuso que niños que estaban en la escuela no volvieran a retomar la actividad hasta después de año y medio y que incluso componentes del grupo de mayores, sobre todo chicos, dejasen de venir».

Pese a las circunstancias, los dantzaris de Tudela se han embarcado en distintas iniciativas que les han permitido mantener el contacto y que el ánimo que les caracteriza no decayese. «Se hicieron varias actividades online como muchas otras asociaciones. Nos planteamos enseñar la jota de Tudela a todo el que quisiera y para ello se realizaron vídeos con los pasos que se colgaron en las redes sociales. Del mismo modo con los pequeños, para finalizar un poco el trabajo de la escuela de ese año que se quedó a medias, se realizaron diferentes vídeos con danzas que habían aprendido a lo largo del curso y participamos de manera online en las jornadas juveniles que organiza la federación española de agrupaciones de folklore que ese año las que se celebraron en Cantabria», comenta.

La llegada del pasado verano fue un soplo de aire fresco para el grupo, recuerda Jiménez. «Supusieron un intento de recuperación de la normalidad y beneficiaron a muchas asociaciones que habían dejado al margen sus actividades con motivo de la pandemia. Aunque la situación seguía siendo difícil y complicada por todas las medidas que había que tomar nos permitió volver a realizar aquello que más nos gusta.

Después de tener que aguantar dos años sin fiesta, este año el grupo volverá a participar en las fiestas con sus actos habituales la ofrenda y la procesión de Santa Ana. «Son unas fechas que nos gustan a todos los componentes y nuestro compromiso con las fiestas sigue siendo con la ofrenda y la procesión. Son dos actos muy entrañables para nosotros para nosotros porque acompañamos a Santana en su ofrenda floral, y como no, en su día grande como venimos haciendo desde hace muchos años. Hace algunos años se intentó algo más con el 100% Tudela, pero la idea no salió y no se volvió a repetir la experiencia. Creo que la gente en fiestas, sobre todo los jóvenes, demandan otro tipo de cosas y nos da la impresión de que el folklore no es una de ellas», indica.

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