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Estereotipos, por Pepe Alfaro

Tenemos la costumbre de generalizar. Transformamos los casos particulares en universales en función de nuestra ideología o de nuestros intereses. Por ejemplo, el hecho de que una persona cometa un acto reprobable sirve para deslegitimar al colectivo al que pertenece, a pesar de que lo universal se refiere a algo sustancial que no puede faltar a la totalidad expresada por el concepto. Basta con que haya un particular que no cumpla todas y cada una de las características, para que el universal no exista.

Pero este concepto, que conforma uno de los fundamentos de la Lógica, está cada vez más desacreditado. De modo que se crean estereotipos que se van propagando de tal manera que muchos individuos y sociedades los admiten sin pararse a pensar la verdad de lo que aceptan y comparten, adjudicándoles la falsa categoría de universales. Y, así, la creencia más categórica se impone a la más elemental razón.

“El estereotipo es un concepto, idea o modelo de imagen que se le atribuye a las personas o grupos sociales, de manera preconcebida y sin fundamentos teóricos que lo avalen”. Hay estereotipos que tienen que ver con el físico, con el género, con las nacionalidades, con las clases sociales, con las creencias y, sobre todo, con la Economía. Precisamente, la Economía es el aspecto más determinante a la hora de modificar algunos de estos estereotipos. Si una persona posee una boyante economía, algunos de los estereotipos aceptados caen por su propio peso y ya no importa en el individuo el color de su piel, su procedencia, su género, su religión o su perfil de belleza, por poner algunos de los factores más estereotipados.

Esto se produce en la sociedad actual, porque ha desaparecido el debate, ya no existen foros sosegados donde contrastar hechos y opiniones, y porque todo aquello que creemos a pie juntillas se vuelca en las redes, con una inmediatez y una visceralidad que no deja tiempo a la reflexión. Con la globalización los estereotipos se han estandarizado y muchos de ellos alcanzan entre sus correligionarios la categoría de dogmas. De esta manera, se tergiversan los datos y no se sabe (o mejor, no se quiere saber) si lo que se comenta o se comparte es verdadero. Y si alguien pretende buscar un equilibrio entre los extremos solo consigue la incomprensión de dichos extremos, porque cuando un individuo se enroca en sus convencimientos, resulta muy difícil entrar en el territorio de la duda. De ahí que la persona que duda es vapuleada por esos extremos que, en el fondo, se necesitan para afianzar sus posturas.

Es cierto que hay grupos sociales que luchan por romperlos. Y hay movimientos que intentan sus “revoluciones”. Tenemos los casos de género que mantenían, y aún mantienen, estereotipos del color rosa o azul, de los juguetes, de las tareas domésticas o de la marginación de la mujer. Son patrones que van cambiando a duras penas. Todo parte de la Educación porque, sin duda alguna, el cambio de roles en la escuela y en el hogar puede reforzar los valores familiares y fortalecer la unión y comprensión entre la sociedad. Y, aunque los estereotipos presenten valores positivos o negativos, casi siempre se imponen los negativos: De ahí la importancia de inculcar la coeducación, la tolerancia y el respeto, para entender que todos los individuos somos, en cierto modo, iguales y, en cierto modo, con unas diferencias enriquecedoras.