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Ecologistas en Acción de Navarra ha presentado alegaciones al proyecto de construcción de la segunda fase del Canal de Navarra

Ecologistas en Acción de Navarra ha presentado alegaciones al proyecto de construcción de la segunda fase del Canal de Navarra, por sus graves afecciones a zonas protegidas de la Red Natura 2000, como la Zona de Especial Conservación (ZEC) de Bardenas Reales, la ZEC Tramos Bajos del Aragón y del Arga, y la ZEC Río Ebro. También porque se está proyectando sin contar con un estudio detallado y contrastado de la disponibilidad de agua para la ampliación de regadío. No hay garantía de que se pueda disponer de agua suficiente para la ampliación de regadíos que planifica la 2ª fase, especialmente si se tienen en cuenta los efectos del cambio climático. Además, la ampliación de regadíos supondrá un aumento de la contaminación difusa por nitratos, en unas masas de agua ya muy dañadas. También, Ecologistas En Acción de Navarra ha presentado alegaciones por el presupuesto desmesurado para una obra insostenible. El coste no sólo es elevado para las arcas públicas, sino también para los regantes, especialmente para los pequeños agricultores.

Afecciones a zonas protegidas de la Red Natura 2000

La alternativa seleccionada para la construcción del canal atraviesa varias zonas protegidas por la Red Natura 2000, aunque para dar cumplimiento al artículo 6 de la Directiva Hábitat, el trazado no debería cruzar áreas de la Red Natura 2000. Este sería el caso de la Zona de Especial Conservación (ZEC) ES2200037 Bardenas Reales, considerado, como como uno de los ejemplos paradigmáticos de estepas ibéricas. El único territorio situado en la ribera baja de Navarra que todavía conserva unos valores naturales propiciados por unos usos tradicionales que no han sucumbido a la intensificación de aprovechamientos y a la proliferación de infraestructuras relacionadas con los núcleos de población de los alrededores. Esta casi ausencia de intensificación de los métodos agrícolas, ganaderos, ausencia de núcleos de población, polígonos industriales, carreteras, líneas eléctricas y todas las actividades humanas que degradan el paisaje, la flora y fauna, es lo que hace de Bardenas Reales un lugar único y peculiar que ha llegado hasta hoy y que todos tenemos el deber de conservar. La ZEC Bardenas Reales alberga 16 hábitats de interés comunitario de carácter xerófilo, gipsófilo o halófilo y, asociadas a éstos, una valiosa comunidad faunística. Especialmente representadas por aves esteparias, de gran importancia en los sistemas agrícolas de secano dedicados al cereal. Las dimensiones de la obra suponen una afección perjudicial para estas aves: movimiento de grandes cantidades de tierras, transporte de maquinaria pesada, incremento del tránsito rodado, etc. representará un fuerte impacto que no es reconocido en el estudio, y lo peor de todo, la transformación en regadío de superficies de Bardenas que supondrán una perdida irreversible de biodiversidad asociada a los medios esteparios, con una pérdida de un paisaje único y peculiar que ya ha desaparecido en los municipios colindantes de la ribera baja de Navarra.

El trazado también atraviesa la ZEC ES2200035 – Tramos Bajos del Aragón y del Arga, donde se desarrolla el proyecto LIFE para la conservación del visón europeo y la ZEC ES2200040 – Río Ebro. Tampoco se reconoce el fuerte impacto de la obra en estas zonas porque son atravesadas a través de conductos soterrados. De nuevo, hay que recordar que las obras de construcción supondrán un fuerte deterioro en estos ecosistemas, afectando a los enclaves naturales EN 10 “Sotos de Murillo de las Limas”, “Soto de Sardavilla”, la Reserva Natural “Soto de Ramalete” y diversos hábitats de interés comunitario en muy buen estado de conservación. Como reconoce el propio Gobierno de Navarra: “son zonas de mucha naturalidad que albergan flora y fauna diferentes a las del cauce principal. Además, sirven como zonas de laminación de avenidas y como filtros verdes de las aguas procedentes de los regadíos cercanos”. Y aunque el Canal minimice el impacto a través de un conducto soterrado, las construcciones auxiliares se sitúan en plena zona protegida (caminos, conducción, arqueta).

Sin un estudio detallado, contrastado y adaptado al cambio climática de la disponibilidad de agua

La Fase 2 del Canal de Navarra se está proyectando sin contar con un estudio detallado y contrastado de la disponibilidad de agua para la ampliación de regadío. Ya que no sólo hay que contar con las demandas ya comprometidas y con el caudal ecológico, una restricción previa a cualquier uso, sino también con la reducción de aportaciones que ya se está registrando por efecto del cambio climático, como indica el informe “Fase 2 del Canal de Navarra, ¿hay recursos suficientes para regar 21.500 hectáreas más?” elaborado por URBIZI. Red en defensa de los ríos (2018).

El análisis que se realiza en el informe con los datos actualizados de concesión de agua y caudal ecológico del río Irati refleja que no hay disponibilidad de agua para la ampliación de regadíos y a la vez cumplir con los caudales ecológicos en un contexto de reducción de aportaciones hídricas por el incremento de las temperaturas. Seguir adelante con una obra de estas características, que supone un elevado presupuesto público y un fuerte impacto ambiental, como se ha comentado en el punto anterior, es un ejercicio de grave irresponsabilidad y posible prevaricación. Se está acometiendo una gran infraestructura sin garantía de suministro de agua. Una cuestión que ya señaló la Confederación Hidrográfica del Ebro en el informe técnico de 14 de octubre de 2014 (expediente 2013-A-152).

No hay garantía de que se pueda disponer de agua suficiente para la ampliación de regadíos que planifica la Fase 2 del Canal de Navarra, especialmente si se tiene en cuenta los efectos del cambio climático. La Confederación Hidrográfica del Ebro estima una reducción de aportaciones en régimen natural del 20% de la serie 1980/81-2017/18. Una estimación que no ha sido trasladada a los cálculos de agua disponible en este proyecto y, por tanto, se está contando con un agua que no existe. El proyecto es insostenible y no va a poder cumplir su objetivo generando un nuevo fracaso hidráulico.

Contaminación por nitratos

El regadío junto al resto de actividades agropecuarias es la fuente principal de contaminación difusa en la demarcación del Ebro. Contaminación que, sumada a la contaminación por vertidos urbanos, y las enormes presiones cuantitativas que el regadío implica, son las causas principales del estado “peor que bueno” en que se encuentra la práctica totalidad de masas de agua que se encuentran en zonas antropizadas.

Esta realidad, además de afectar a la salud de toda la población de la cuenca, ha repercutido en la apertura de procesos por parte de la UE por incumplimiento de las directivas de depuración y nitratos.

La ampliación del regadío en zonas que afectan a masas de agua en estado “peor que bueno”, como es el caso de la práctica totalidad de la superficie propuesta, no es compatible con los mandatos de la Directiva Marco del Agua, que establecen el principio de no deterioro adicional.

Presupuesto desmesurado para una obra insostenible

La inversión total del proyecto se ha establecido en 723,30 millones de euros y, con la Fase 1 y su ampliación construida más el presupuesto de la Fase 2, el presupuesto ha ascendido a 802,21, son 78,91 millones más de lo inicialmente planeado, un 11% más. Siguiendo el patrón de anteriores grandes obras públicas, incluido el Canal de Navarra, se producirá un aumento del presupuesto contemplado para la Fase 2. El incremento será además, considerable, por la complejidad de construir un canal que tiene que atravesar los ríos Aragón y Ebro. Por otro lado, además de la construcción, es necesario tener en cuenta el presupuesto para la puesta en marcha del regadío, los costes de explotación (elevados por el consumo eléctrico de los bombeos), mantenimiento, ayudas a la instalación, inflación, entre otros. Un presupuesto desmesurado para una obra insostenible, que va a generar importantes daños ambientales y que es inviable por la falta de suficiente disponibilidad de agua. Además, el coste no sólo es elevado para las arcas públicas, sino también para los regantes, especialmente para los pequeños agricultores.