El mayor logro del homo sapiens, sin duda alguna, es el Lenguaje. La palabra hablada y la palabra escrita nos diferencia del resto de seres vivos conocidos.
Con la palabra se pueden conseguir los mejores logros en cualquier sociedad. Pero también los peores males. Al fin y al cabo, con la palabra, además de comunicarnos, podemos trasmitir todos los sentimientos. Y, como decía Mario Benedetti en uno de sus más celebrados haikus, “los sentimientos / son inocentes como / las armas blancas”. Por lo tanto, es el uso que hacemos de la palabra lo que convierte el mensaje en amor o en odio, en Paz o en guerra.
Pero estamos en unos tiempos en que, gracias al acceso que tenemos a las redes sociales, todo el mundo tiene la posibilidad de escribir o compartir mensajes de todo tipo. Si analizamos estos mensajes, podemos comprobar que la inmensa mayoría de ellos son mensajes de odio, casi siempre dirigidos contra quien muestra una ideología distinta a la de quien los emite.
En estas circunstancias, aquellas personas que muestren un equilibrio y pretendan reconocer fallos y aciertos en los diferentes grupos sociales, esforzándose en la razón como base del entendimiento, son vituperadas e insultadas por ambos extremos.
No existe posibilidad de lograr una común “paz social”. Entre otras cosas porque los bulos han calado, entre no pocas gentes, como si fuesen dogmas inamovibles. Y, de antemano, están dispuestas a la crítica o al halago antes de cualquier actuación. Algo que ya ocurre entre los máximos representantes, ya que tanto en el Congreso como en el Senado, el nivel de mala educación llega a límites insospechados. A lo que hay que añadir que el diálogo ha desaparecido, pues hasta las respuestas a las intervenciones se traen escritas de antemano, sin haber escuchado al oponente.
En fin, malos tiempos para la palabra inocente, para la palabra bella, para la palabra de consuelo, para la palabra amable y de acercamiento que rompa tanta distancia sin sentido. Necesitamos una catarsis para volver a empezar a entendernos. Lo malo es que la Historia nos dice, por experiencia, que el homo sapiens sólo sabe llegar a acuerdos después de las guerras. Y ese ambiente prebélico se está sintiendo en todo el mundo.






