Es bueno recordar a Unamuno, en estos momentos de total polarización y extrema falta de acuerdos entre las fuerzas políticas. El 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno denunció “la barbarie, el sectarismo y la lógica fratricida” entre los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil. Definió la situación como una “guerra incivil” y un “suicidio colectivo” provocado por las dos vertientes enfrentadas.
Esta postura, mientras predicaba “la libertad de pensamiento” y criticaba “la intolerancia y el fanatismo”, tomó cuerpo de ironía con la frase “los hunos y los otros”, aludiendo a la barbarie de los antiguos hunos de Atila y poniendo a los “hotros” también con hache, porque entre los dos, destruían la convivencia en España. “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir” fue una de las frases más célebres de su discurso. Y, al ser un intelectual insobornable y no alinearse con ninguna de las dos facciones, pasó sus últimos días bajo arresto domiciliario.
Ese mismo ambiente de extremos se está viviendo en estos momentos. Y los nuevos hunos y los nuevos hotros se culpabilizan mutuamente de todo lo que ocurre, siendo incapaces de llegar a acuerdos que beneficien a la ciudadanía. Lo estamos viendo no solamente en las “insociales” redes sociales, sino en el Congreso y el Senado, que acaparan la mayor falta de educación y respeto per cápita, y donde las respuestas se traen preparadas de antemano, insultos incluidos, sin escuchar la intervención del contrario.
Conociendo la condición humana, habría que emular a algunos pueblos llamados “tercermundistas”, en donde las partes en litigio se sientan “a pan y agua” hasta ponerse de acuerdo. Si, tras el acuerdo vuelven a reincidir, se corta una mano a los litigantes. Y en esos pueblos no hay mancos.
La corrupción y el problema de la vivienda son dos de los grandes problemas actuales. Pero no se solucionarán nunca, porque tanto los hunos como los hotros se acusan mutuamente de la situación. Está claro que el fracaso es cultural y colectivo, anteponiendo el insulto al razonamiento, el “y tú más” al reconocimiento del posible error, por lo que nunca aprendemos las repetidas lecciones que nos brinda nuestra propia Historia.
Y en esas estamos.






