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Voy a las gradas, por Juan Manuel Gracia Albericio

El autor define como "triángulo de las Bermudas" los metros de banda que escapan a la visión del espectador en el Polideportivo Municipal

En los tiempos cuando veía futbol y me sabia todas las alienaciones de todos los equipos, aun recuerdo la de la Real Sociedad; López Ufarte, Satrustegui, Arconada… había un jugador que llamaba mi atención sobre todos los demás, Mágico González un jugador fantástico que puso en pie con su arte el Ramón de Carranza y también un juerguista que gustaba de la noche… Yo de la segunda parte de la ecuación no tenia ni idea por aquellos años, pero de su habilidad me hacia cruces, no entendía como podía llevar el balón pegado a la bota un tipo que parecía tan desgarbado. Un genio, el primero de los que luego llegarían.

Hoy que tan de moda esta él; “no entender nada” he de reconocer que parece que a mí me persigue en esto del futbol cierta disposición espacial y temporal a que persista ese “no entender nada”.



Si antes no tenía mas ocasión de ver los partidos que me gustaban en la televisión, la imagen se circunscribía a la imagen de la cámara. Todo lo que ocurría, tenía la apariencia de un rectángulo, todo lo que ocurría quedaba restringido a ese rectángulo, muy pocas veces, en muy escasas ocasiones el rectángulo dejaba de seguir a la pelota y cuando lo hacía era para una mala noticia; descubrir un jugador en el suelo, dolorido de lo que imaginábamos una patada o manotazo o cabezazo, que cuando se dan, se dan con todo. O era porque un aficionado, o la gallina de un aficionado, recorría el campo a sus anchas o en bolas…que de todo hemos visto hacer a los aficionados y a sus mascotas, que es por ello por lo que me imagino que lo denominamos, el Deporte Rey. Así pues, ver un partido por la televisión siempre es un “no entender todo”, muchas de las cosas que ocurren, ocurren fuera del foco de la cámara de televisión.

Hoy para ver un partido hay que pagar, y hoy ya no tengo televisión en casa, pero he vuelto a ver los partidos en directo, en mi caso de Futbol Sala, mi hijo de ocho años es jugador del equipo de casa y le acompaño a ver los partidos. He de decir que me gusta y me emociona. Pero también he de decir que los veo mucho peor qué con la televisión de entonces. El asunto al que voy es a las gradas, ahí se reúnen todos los chiquillos del equipo y desde ahí ver un partido tiene mucho de esos futbolines de cuando éramos unos micos y a duras penas veíamos la bola sobre el tapete mientras esquivábamos el palo para que no nos lo metieran en el ojo.



Así que con la edad no he ganado en espectáculo, sí la cámara restringía el foco de interés, hoy que podría ver un espectáculo total, me tengo que aguantar por meros obstáculos arquitectónicos.

Dos jugadores entraron en el triángulo de las bermudas y llegaron a la portería contraria, (lo sé por dónde miraban los aficionados de enfrente) y en un momento dado veo salir del agujero negro un objeto esférico

El campo en referencia a las gradas aún tiene otra singular característica, es que no ves de dos a tres metros de una de las bandas, si algún jugador la recorre la emoción es desbordante y prohibitiva en caso de empate o ir ganando o perdiendo por la mínima, nunca sabes que puede pasar, ayer por ejemplo dos jugadores entraron en el triángulo de las bermudas y llegaron a la portería contraria, (lo sé por dónde miraban los aficionados de enfrente) y en un momento dado veo salir del agujero negro un objeto esférico (el balón, supongo) que llega mansamente a la zona de influencia gravitatoria de su compañero que golpeándola con fuerza entro en la portería. Gol. Un Gol del que vi menos de la mitad.

Y no tengo el consuelo de la televisión, buenos profesionales. Aquí te las tienes que arreglar con la imaginación es como en las películas de Ágata Christie, a pesar de estar viendo la película no te enteras quien es el asesino.

Mágico González lo tenia muy claro, en una entrevista lo dijo con esa sencillez de los genios y con la responsabilidad de los adultos; “Yo he respetado mucho al fútbol, al que no he respetado es a mí mismo”.

P. D: Sigue con salud, mi querido M.

Juan Manuel García Albericio