Manuel Romero Paz es colaborador de LA VOZ en Cabanillas

Emocionado y muy agradecido a los sanitarios que le han atendido en el Hospital Reina Sofia de Tudela en su lucha contra la Covid 19. Asi se siente el cabanillero Manuel Romero Paz, tras regresar a su domicilio, después de permanecer ingresado una semana en la tercera planta del centro hospitalario ribero.

Manuel no estuvo solo, ya que el virus también atacó a su esposa Mª Carmen Redondo Pérez pues el contagio se produjo en el seno familiar con las consiguientes repercusiones en cada uno de los afectados. «Comenzó en mi madre y, poco a poco, fuimos cayendo los demás sin darnos cuenta», explica.

Los síntomas de Manuel, que es colaborador de LA VOZ en Cabanillas, empezaron de una forma muy extraña. «El virus fue apoderándose de mi cuerpo poco a poco, sentía dejadez, empecé a tener dolores musculares, fuerte dolor de cabeza y dificultad para respirar», relata.

Tras la PCR y unas pruebas medicas fue ingresado de urgencia en el hospital Reina Sofia. «En cuanto me pusieron medicación mi cuerpo empezó a reaccionar», recuerda. Es en este momento cuando Manuel se rompe al explicar con la voz entrecortada la gran profesionalidad, vocación y cariño de los médicos, enfermeras, celadores y personal de limpieza que les han llevado entre algodones. «Nunca podremos dejar de agradecerles lo que nos han demostrado durante los días que estuvimos ingresados», insiste.

Manuel y su esposa ya están en casa donde a diario reciben el apoyo de todo su entorno familiar. «Nos ayudan en los recados, en la comida, y en todo lo que estamos necesitando hasta que finalmente estemos completamente recuperados. Mi mujer es mi gran apoyo todos los días. No sé qué hubiera hecho sin ella»», explica con un reconocimiento cargado de emoción.

Lo peor ya ha pasado para este matrimonio de Cabanillas que hace un llamamiento a la sociedad, sobre todo a los mas jóvenes, para que se tomen muy en serio la pandemia pues tal y como asegura «no es ninguna broma. El virus esta matando a muchas personas», concluye Manuel Romero.