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Estos días ha adquirido una gran relevancia mediática el anuncio de la Real Federación Española de Fútbol de asumir el coste de la congelación de óvulos de aquellas jugadoras internacionales que así lo deseen.

Una medida que, a priori, puede parecer positiva e incluso presentarse como una medida feminista. Pero precisamente por eso conviene analizarla con perspectiva de género y preguntarnos qué significa realmente.

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Porque la pregunta que debemos hacernos no es solo si una futbolista tiene derecho a congelar sus óvulos —por supuesto que lo tiene—, sino qué modelo de carrera profesional, de maternidad y de conciliación estamos ofreciendo a las mujeres deportistas.

¿Estamos ampliando sus posibilidades para que puedan decidir libremente cuándo quieren ser madres? ¿O estamos asumiendo, de manera más o menos explícita, que para triunfar en el deporte de élite las mujeres tienen que aplazar la maternidad?

¿El objetivo es facilitar que las futbolistas puedan ser madres cuando quieran o, en la práctica, facilitar que no tengan que serlo mientras están jugando al fútbol?
La diferencia no es menor.

Porque garantizar derechos reproductivos significa ampliar la libertad de las mujeres, no adaptar sus cuerpos y sus decisiones reproductivas a las exigencias de una carrera deportiva profesional.

Y aquí está el verdadero debate: no podemos convertir la congelación de óvulos en la respuesta a la incompatibilidad entre maternidad y deporte de élite. La respuesta debería estar también en transformar las condiciones laborales y deportivas que hacen que muchas mujeres sientan que ser madres puede poner en riesgo su carrera.

Nuestro reto debe ser trabajar para el mantenimiento de la condición deportiva, la protección de sus contratos, los planes de entrenamiento adaptados, o los planes de retorno a la práctica deportiva con carácter individualizado.

Congelar óvulos puede ser una opción, por supuesto. Sin embargo, nunca debería convertirse en la solución que la sociedad ofrece a las mujeres para poder encajar en un sistema profesional diseñado sin tener en cuenta la maternidad.

Porque si para que una mujer pueda llegar a lo más alto del deporte necesitamos pedirle que congele sus óvulos, Entonces, lo que estamos haciendo es vender como una conquista de libertad nuestra incapacidad para garantizar que las mujeres deportistas puedan ser madres sin tener que poner en riesgo su carrera.

En mi opinión, creo que debemos dirigir nuestros esfuerzos precisamente a esto. A poder compatibilizar la maternidad y la carrera profesional. Es cierto que, a día de hoy, la mayoría de deportistas no encuentran el apoyo suficiente para poder compatibilizar su carrera deportiva con la personal. El reto es conseguir que sus contratos no sean vean afectados por una decisión que solo les compete a ellas, que puedan coger una baja maternal y, por supuesto, que tengan garantizada la vuelta al deporte.

Que se investigue, de verdad, en la afectación y la compatibilidad de los embarazos con los entrenamientos, la competición y la vuelta a la actividad deportiva. Y por supuesto, más formación en los equipos técnicos para tener en cuenta, por ejemplo, los periodos menstruales y la preparación deportiva.

Tenemos una gran responsabilidad como sociedad, como administración deportiva, como federaciones o clubes en el avance en la igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres, y eso no sólo pasa por garantizar la libertad de las mujeres para ser madres, que también, sino en que puedan compatibilizarlo con su carrera. Medidas como la creación de la Sala de Lactancia de Larrabide, para que las deportistas y sus parejas puedan conciliara van, precisamente, en esa línea. O el ejemplo de las becas de la Fundación Miguel Induráin, donde las mujeres que deciden ser madres ven mantenidos los resultados anteriores al embarazo para el cómputo de la beca, así como las becas de corresponsabilidad familiar que trabajan en la conciliación familiar.

Pero desde una perspectiva feminista, no podemos reducir el trabajo en igualdad a un área concreta del deporte, o solo el deporte de élite. Es importante garantizar que los equipos masculinos y femeninos cuenten con los mismos recursos, que los desplazamientos se hagan en las mismas condiciones. Porque, si los chicos viajan en avión o en tren, que las mujeres no viajen en autobús, que no lo hagan en el día.

Por supuesto, que cuando haya que calendarizar el uso de instalaciones, los equipos femeninos no queden siempre en los peores horarios, con las mínimas coberturas, etc…
En Navarra, dentro de nuestras competencias, llevamos años trabajando para avanzar en igualdad. También en el deporte. Y como resultado de ese trabajo, estamos viendo como las federaciones avanzan en pruebas mixtas, igualando premios, etc… Pero también un avance en la representación de los órganos directivos. Esta legislatura se ha pasado de 2 a 6 presidentas de federación, y de un 20 a un 31% de presencia de mujeres en las asambleas federativas.

Por lo tanto, la medida planteada por la RFEF puede ser una opción solo si es elegida libremente por las deportistas. Pero como siempre, las conquistas feministas no llegan con hechos o medidas puntuales, sino con un verdadero cambio de una estructura, la del deporte, que a día de hoy sigue siendo demasiado machista.
Ese es el horizonte que debe guiarnos: un deporte que no solo permita a las mujeres llegar, sino también quedarse, decidir, competir, ser madres si así lo desean y volver a competir.

Un deporte verdaderamente igualitario. Progresista. Y feminista.


Jorge Aguirre

director gerente del Instituto Navarro del Deporte y de la Actividad Física

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