Cuando éramos pequeños íbamos mucho a casa de la abuela JESUSA (JESÚSA SERRANO) en Ablitas. Era viuda, siempre de negro, cómo niños preguntábamos por el abuelo y en el
ambiente se notaba que se creaba cierta incomodidad y silencios, a lo sumo te decían «murió en la guerra».
Éramos pequeños y en nuestra inocencia creíamos que los muertos de la guerra eran aquellos cuyos nombres aparecían escritos en la fachada de la iglesia. Luego aprendimos a leer y por más que repasábamos aquellos nombres, el del abuelo no aparecía.
En casa nunca nos dijeron que le pasó, ni la abuela ni ninguno de sus tres hijos. Nos hicimos mayores y comprendimos lo que había ocurrido con el abuelo Luis y que la abuela había sido excluida; una mujer sin derechos, siempre castigada, sin pensión…
Comprendimos que nuestro abuelo, LUIS OLIVER ANTÓN había sido SESINADO/FUSILADO por algo tan grave cómo ser de izquierdas, por pertenecer al Sindicato Agrario de la UGT donde tenía una trayectoria larga, presente y activa.
En Ablitas y en la zona, el golpe de estado triunfo desde el primer momento. Para crear miedo, durante el mes de agosto, mataron a varios compañeros del abuelo y a nuestro abuelo le obligaron a ir a Zaragoza en el mes septiembre. Allí fue FUSILADO, igual que otros 200 navarros en octubre de 1936.
Se lo llevaron, lo asesinaron y tardaron mucho tiempo en reconocer que había fallecido, con lo que supone de dolor añadido para la familia.
A día de hoy, después de 90 años, sus restos, no han vuelto a su pueblo, con su familia. Por lo que sabemos, es complicado, se cree que sus restos están en una fosa común muy grande, compleja, ya manipulada.
Eso no impide que en nuestra memoria siempre estarán presentes tanto el abuelo LUIS como la abuela JESÚSA.
Sus nietos, Luis, Miguel, Luisa, Pedro e Isabel y resto de familiares.
Luis Miguel Arriazu Oliver











