Desde que hace un tiempo alguien me dijo, vamos a ver el partido de las chicas. Y me he aficionado a verlas jugar, siempre que puedo.

El martes fue la última vez que lo hice y disfruté como si fuera una experta en el arte de arrear el balón, hasta la portería contraria. Nada más lejos de la realidad. Soy incapaz de ver un fuera juego. Pero no importa, porque de lo que disfruto es de ver como corren cual gacelas con sus coletas al viento la mayoría, tras el balón. Corren como las leonas en la sabana defendiendo lo que les pertenece.

Y ganan partido a partido con coraje, pero sin malas artes. Sé que lo que voy a decir es obvio y es necesario reconocerlo. Se puede hacer un gran partido sin marrullerías, con tesón y elegancia como lo hacen ellas, las mujeres.

Son diferentes unas de otros, me quedo con las formas de ellas. Nunca van de tías. Al meter un gol no saltan sobre si mismas para quedar cual estatua marmórea. Hacen lo correcto, abrazarse reconociendo el éxito y el esfuerzo por lograrlo.

Su tarea ejemplar ha sido, es y será trabajar con el apoyo y comprensión de toda la sociedad, para que lo que piden en cada oportunidad, sea una realidad ya. Están apoyadas por otras mujeres futbolistas. Por mujeres y hombres de otras profesiones, por la mayoría de la gente. Su petición se hace urgente.

SE ACABÓ

Sólo ellas saben lo que han tenido que soportar de mal trato por ser mujer, vejaciones por ser mujer, menos consideradas por ser mujer, peor pagadas por ser mujer. Un retrato más de lo que supone en esta sociedad ser mujer.

Ha llegado el momento de ser poderosas por derecho propio. Han conseguido ser reconocidas como lideres del futbol. Es una lástima que haya estado empañado por un beso no deseado, que ha destapado todo lo demás.

Es momento para que, en otros deportes en los que las mujeres son igual de ganadoras que las futbolistas, sean reconocidas y estén en el sitio que se merecen.
Hace ya tiempo que el MOMENTO DE LA MUJER, ES MAS PRESENTE QUE NUNCA. HACE FALTA QUE HAYA COMPLICIDAD, RESPETO, RECONOCIMIENTO, ACEPTACION.

Ana Figueras