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Cuando se anda el camino, «cada paso cuenta», por Chente González, de “Tudelanos por Javier”

Los fines de semana siguientes al 6 de enero hay rutas y caminos de pueblos de Navarra donde se cruzan personas realizando kilómetros de distancias preparatorias a la resistencia del cuerpo humano. La verdad es que dicho así parece algo difícilmente imaginable: ¿Cómo es posible hacer de cuatro a seis horas caminando cada fin de semana? La distancia resulta al inicio demasiado grande para lo pequeño que es cada paso. Y, sin embargo, paso a paso, kilómetro a kilómetro se desgrana el tiempo y el espacio para cumplir un sueño: el de llegar en los primeros días de marzo hasta el castillo de Javier.

La explanada del castillo recibe a miles de peregrinos desde 1940. Lleva el castillo de Javier, 80 años acogiendo a jóvenes, personas de distintas edades, grupos, parroquias y colegios de todas las partes de Navarra y también de España.

Se trata de una peregrinación de tres días. El motivo, la figura del habitante de ese castillo, nada más y nada menos que San Francisco Javier, el patrono de las misiones y de Navarra. Después del cansancio, los kilómetros y el clima, el castillo recibe a los peregrinos para la misa que se celebra a las 10:00 horas, después del Vía Crucis que comienza a las 8:00 horas desde la vecina localidad de Sangüesa.

En la peregrinación se encuentra la austeridad que le sobra a la vida burguesa, es decir, llevar 4/8 kilos a la espalda y saber que con ellos puede arreglárselas. A día de hoy la intendencia de cada grupo o ciudad, llevan “los enseres” necesarios y las mochilas de los peregrinos de etapa a etapa para que estos pueda hacer el recorrido sin pesos. El camino, como la vida, está lleno de situaciones de necesidad o de momentos que pueden ser percibidos como tales por el caminante. Tener a mano la posibilidad de darles respuesta de manera fácil es, sin duda, una opción a la hora de hacer el camino. Todos los caminos valen, al igual que todas las personas o las vidas. Y no se puede decir que haya una manera mejor de hacerlos o de vivirlos.

La Javierada es una peregrinación que se realiza en recuerdo a la intercesión del santo en favor de Navarra. En 1885, los navarros sufrían los estragos de una epidemia de cólera. Rezaron a San Francisco Javier con la promesa de ir todos a verlo en procesión si se cumplía. ¿Quién fue este santo por el que se sigue peregrinando para pedir su favor tantos años después?

San Francisco Javier, el joven noble que lo dejó todo para seguir a Cristo hasta China. El patrón de las misiones nace el 7 de abril de 1506. Crece en el castillo que cada año acude y rodean los peregrinos. Su familia pertenece a la nobleza navarra. Esa condición ayuda al santo a poder irse a estudiar Filosofía y Teología a París.

Francisco llega a la capital francesa. En su etapa de formación se cruza con Juan de la Peña, Cornelio Fabro y un tal…Ignacio de Loyola. Al principio, con la amistad de estos tres jóvenes le valía a Francisco Javier. Hasta que, un día, Ignacio le recordó una frase del Evangelio: «¿De qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?» En ese momento, el joven rico, inteligente, deportista y juerguista, cambia de vida. Decide hacerse sacerdote e ingresar como jesuita en la Compañía de Jesús de su amigo Ignacio.
Se ofrece a ir para anunciar la Buena Nueva. Llegó a Japón, a la India e intentó hacerlo a China, el imperio más poderoso de Oriente por entonces. Sin embargo, murió a sus puertas, en la isla de Sanchuan.

Sus restos reposan en Goa, una zona de la India, custodiados por una gran basílica, la del ‘Bom’ Jesús, el Buen Jesús en portugués, en honor a este español patrono de las misiones.
Andando el Camino, nos vemos en Javier.