El alcalde de Castejón, David Álvarez, y la directora del Museo, Mónica Campos junto a una de las carretas de bomberos de la antigua estación que copiaron a la ciudad de Londres

El Museo de Castejón es la cita obligada y el punto de partida para adentrarnos en la historia de una villa unida al hierro, nexo de unión entre sus importantes yacimientos arqueológicos y el ferrocarril que comenzó a marcar la existencia de la localidad desde el S. XIX.

El propio edificio del museo es en sí un pedazo de la historia de Castejón. Levantado sobre la planta del mercado de abastos en el lugar que ocupó uno de los dos fortines militares que defendieron la estación en las Guerras Carlistas y cuyos ladrillos han llegado hasta nuestros días como parte de un edificio que guarda un relato sorprendente.
“Sabemos que en Castejón existió un poblado a orillas del río Ebro  y que todavía no se ha excavado.  Se ha intervenido en su  necrópolis, importantísima por sus  hallazgos, con objetos cuya presencia en Castejón solo es explicable  al entender el río Ebro como una  gran artería de comunicación fluvial entre el Cantábrico y Mediterráneo”, explica Mónica Campos, directora del museo que alberga los hallazgos de dos yacimientos, la necrópolis del Castillo, que data del primer milenio, y el yacimiento de la Villa Romana de El Montecillo”.

No había escritura, ni dinero, pero esta cultura de incineración nos ha legado piezas de inspiración egipcia, ajuares, cerámicas, armas y joyas que podemos descubrir en la visita al museo.

Villa romana del Montecillo
Dando un pequeño salto en la historia, la visita nos lleva hasta la época romana tardo imperial “donde Castejón quedó entre un triángulo de ciudades romanas en las que destacaban Gracurris (Alfaro) y Cascantum (Cascante). En Castejón apareció una villa romana, una pequeña casa de campo, en la que han aparecido objetos de la vivienda, mosaicos que hemos musealizado”, explica la directora del Museo.
Las piezas más importantes que podemos ver de este yacimiento son la teja de alfabeto, de la que puede verse una reproducción de la original que se expone en el Museo de Navarra en Pamplona, y una jarra de hierro de fundición con rostro de mujer cuya procedencia se presume itálica.

La llegada del Ferrocarril
El ferrocarril ha marcado la vida del municipio desde su llegada a mediados del S. XIX y el Museo de Castejón dedica buena parte de su espacio a que el visitante se sumerja en la vida de su importante estación, viendo pasar desde los primeros trenes de carbón hasta llegar a la alta velocidad. El tañido de la campana marca el inicio de un viaje que nos permite descubrir la historia de una gran estación de empalme en la que convergían cuatro de las grandes líneas de ferrocarril de la península, el primer puente de hierro que cruzó el Ebro, he rramientras y útiles de los ferroviarios y muchas otras curiosidades vinculadas al ferrocarril, como la gran maqueta de tren que recrea la estación de Castejón. “Castejón era como un pueblo del oeste, con su estación, las cuatro casas de los ferroviarios y, al otro lado de la vía, casa de comidas, fondas, casas de comidas, teatros y cines, etc”.

Tras nuestra visita al museo podemos continuar nuestro paseo por Castejón con una nueva perspectiva. Disfrutar de una localidad que siempre ha contado con un importante sector hostelero, con variedad de bares y restaurantes, pasar por la antigua fábrica de harinas que hoy alberga a una de las bodegas de vino de la zona, la fábrica de helados artesanales reconocidos en toda la comarca y comprar en sus comercios las carnes, verduras, dulces y conservas típicos de nuestra tierra.