Equipo del servicio de medicina interna del hospital Reina Sofía

La doctora Teresa Rubio Obanos es uno de los nombres propios que personalizan la lucha contra la pandemia en el área de salud de Tudela. Responsable del servicio de medicina interna en el hospital de Tudela, ha estado al frente de la atención que se ha dispensado a los pacientes en que se ha convertido en la planta COVID del área de salud. La primera ola junto al Doctor Ángel Sampériz hasta su jubiliación, y desde julio, al frente del gran equipo de profesionales que ha trabajado a una en minimizar el impacto de la pandemia.

El año 2020, asegura, ha sido muy difícil en el ámbito sanitario. «Nos hemos enfrentado a una enfermedad nueva con gravedad importante, con gran carga asistencial, muchos pacientes a la vez, tratamiento poco eficaz y al mismo tiempo teniendo que realizar un cambio organizativo tanto en la planta de medicina interna como el hospital en general, diseñando circuitos de atención diferentes a los previos, elaborar protocolos de tratamiento para a la atención de pacientes… Cuando ya pensábamos que el problema estaba dominado, apareció una segunda ola de contagios, que, aunque menos abrupta que la primera ha sido también muy dura, por el número de pacientes y la gravedad de los mismos», explica.

Considera que la experiencia vivida en estos meses demuestra que capacidad para gestionar y trabajar en equipo ha superado cualquier expectativa. «Todos a una hemos sido capaces de reestructurar el modo de trabajo, la relación interprofesional y los circuitos de atención para hacer frente a la pandemia sin tener un conocimiento previo de una situación similar». No obstante, y tras las experiencias sobrevenidas, considera que se necesario reforzar la estructura de Atención Primaria y Salud Pública con lo que, no duda, «se podría haber puesto algún freno a la pandemia en sus estadios más precoces».

La primera ola, recuerda, fue abrupta, con especial incidencia en ancianos y pacientes vulnerables y con una gran mortalidad. «En esta segunda ola, aunque el número de pacientes ha sido elevado, conocemos más la sintomatología de la infección y su evolución y aunque tenemos poca evidencia de los tratamientos, sí que conocemos los medicamentos de escasa utilidad en los pacientes graves y estamos más preparados para saber los pacientes que pueden tener más mortalidad. Personalmente ha sido un reto manejar una enfermedad infecto-contagiosa nueva que nos ha obligado a tener que actualizarnos de día en día», reconoce, aunque tampoco se olvida de las vivencias personales por las que ha pasado. «Me ha impactado mucho la soledad y el desamparo de los pacientes que no tenían contacto con su familia y me ha hecho modificar el manejo de esta situación para aliviar la angustia de pacientes y sus familiares».

De cara al futuro, llama la atención sobre lo vivido y considera necesario que la sociedad tome buen nota. «Todo el mundo estaba esperando que la segunda ola se iba a producir más tardíamente, no en pleno verano, cuando de alguna manera habíamos bajado la guardia. Los expertos en Epidemiología, Salud Pública y la propia OMS han reconocido que no esperaban un rebrote tan temprano. Todos nos relajamos en vacaciones y cuando quisimos tomar medidas ya fue un poco tarde». Por ello, indica, esta Naviad debemos extremar las medidas de prevención «y por lo tanto juntarnos el menor número de gente posible. El menor número de unidades familiares, probablemente no juntarse más de dos núcleos familiares diferentes, en espacios cerrados. Tratar de ventilar de forma periódica las salas donde se realice la reunión familiar, evitando el contacto estrecho con personas vulnerables, manteniendo en esos casos mascarilla el mayor tiempo posible y volviendo a incidir en la conveniencia de la ventilación».

Son medidas, asegura la doctora tudelana, que hay que asumir que forman parte de nuestras vidas, hasta que llegue la vacuna o la incidencia sea mínima. «Debemos tener presente en todo momento que un porcentaje en torno a 50% de las personas infectadas, son asintomáticas. Yo creo que no debemos olvidar lo aprendido, ya que aun con vacuna quizá tardemos en controlar esta infección uno o dos años. El virus probablemente continuará entre nosotros y si no es este virus, puede ser otro agente infeccioso el que nos obligue a continuar en alerta», concluye.