Óscar Pérez, director de la residencia de la Residencia de la Real Casa de Misericordia de Tudela

Los acontecimientos vividos en residencias de Madrid y la Comunidad Valenciana han puesto a los responsables de las residencias y a sus profesionales en el foco de atención mediático. Como responsable de una de las residencias más grandes de Navarra, Óscar Pérez, director de la Real Casa de Misericordia de Tudela, asegura que están viviendo toda esta situación con un enorme pesar. «La sociedad espera que las residencias den una respuesta a esta crisis sanitaria de la misma manera que lo hace la sanidad pública pero hay que asumir que ni somos un hospital, ni somos una clínica, ni nunca hemos pretendido serlo. Esto es un hogar donde la cobertura sanitaria es la básica para el día a día. No podemos enfrentar por nosotros mismos y con nuestros recursos una situación tan grave como la que se nos ha venido encima», confiesa.

Reconoce que el personal está viviendo unos días duros y de gran incertidumbre. «El máximo deseo es realizar bien nuestro trabajo, dar una atención perfecta a los residentes y mantener la seguridad personal y familiar. Nuestra mayor incertidumbre es no saber cuánto va a durar esta situación y hacia dónde nos encaminamos. Todo esto va a hacer mella en ellos y nada va a volver a ser como antes. Son momentos muy duros. Hay un vínculo entre el personal y todos los residentes, y a todos nos está afectando anímica y emocionalmente», asegura Pérez.

El director de la Real Casa de Misericordia incide en la complejidad de la intervención en el centro. «Vivimos situaciones mucho más complejas que las que se dan en un hospital. Hay muchos residentes que a la vez son pacientes a los que resulta muy complicado someter a un aislamiento porque no son capaces de entenderlo por el deterioro cognitivo que padecen, ya sea alzheimer, una dependencia o una gran dependencia. El perfil de los residentes, cuando se convierten en pacientes, es mucho más complejo y las residencias seguimos solas en esta situación. A pesar de los esfuerzos que se puedan hacer desde Salud y desde Derechos Sociales, en la práctica, las residencias siguen solas enfrentándose a una situación que, por supuesto, supera cualquier previsión que se pudiera tener», lamenta Pérez.