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No necesitamos aplausos complacientes, necesitábamos una ley a la altura de la gravedad de la situación

La Ley Foral de Cambio Climático y Transición Energética es una ley que nace antigua, que se tenía que haber promulgado hace 30 años, y no responde a la situación actual, mucho más grave que la de hace 3 décadas. Lamentablemente esta ley persigue luchar contra el cambio climático de una manera totalmente desacertada. En el texto normativo apenas aparece la palabra “contra” seguida de “cambio climático”, lo que es significativo del espíritu de la ley. Principalmente se habla de adaptación y mitigación frente a las consecuencias del cambio climático, que se aceptan, en gran medida, como irremediables. Y aquí está el quid de la cuestión: La presente ley es una ley desarrollista, que no cuestiona el actual modelo de crecimiento continuo en un planeta finito.

La actual ley foral parte de un análisis equivocado al decir “la atmósfera y los océanos se están calentando”, obviando que es nuestro actual sistema productivo y de consumo, el responsable directo de esta crisis climática. Si no se apunta claramente qué es lo que está causando esta crisis, difícilmente se va a llegar a una solución realmente satisfactoria.

Esta ley pretende que la “transición energética” se base en las energías renovables. Pero desde Ecologistas en Acción de Navarra negamos que eso vaya a ser posible sin antes abandonar proyectos y actividades devoradoras de energía. Sin realizar un ordenado decrecimiento no habrá transición real ni justa. Esta ley no es creíble, ya que entra en contradicción con la apuesta de Navarra por proyectos insostenibles como:

– El TAV, que no vertebra el territorio, y los desarrollos urbanísticos asociados.

– El vehículo privado, eléctrico o no, cuyo uso no deja de crecer.

– Los regadíos del Canal de Navarra en todas sus fases, para favorecer la agricultura intensiva devoradora de recursos y el recrecimiento del embalse de Yesa.

– La proliferación constante de granjas y macrogranjas de ganadería intensiva.

– El problema de generación de residuos, que ni se reciclan ni se reducen de forma satisfactoria.

– Las infraestructuras de generación de energía, centrales de gas de Castejón y todos los proyectos de renovables, con sus líneas de evacuación asociadas.

– La recién aprobada Mina Muga, con sus 512 viajes de camión al día y el resto de proyectos mineros y de canteras en marcha.

– Los desarrollos urbanísticos y proliferación de centros comerciales en los extrarradios de las ciudades.

La presente ley apuntala los grandes proyectos eólicos y solares, cuando debiera ser al revés, se tendría que revertir el actual modelo, basando la producción en su mayoría en la producción para autoconsumo o en zonas humanizadas. Esta ley plantea una “zonificación”, pero esa futura zonificación va a ser la coartada final para justificar este equivocado modelo de grandes parques eólicos y solares con un impacto ambiental inaceptable. Si la futura zonificación se rige por los criterios seguidos hasta ahora, dejará desprotegidas zonas esteparias, de secano tradicional, con bajos rendimientos agrícolas, cuando es precisamente en estas zonas donde se conserva una biodiversidad destacable de Navarra. No se puede regular lo que de partida ya está mal. Por eso insistimos en decrecer en nuestros consumos, en esos proyectos insostenibles. Desde luego que el cambio climático está teniendo y tendrá consecuencias, pero también tienen terribles consecuencias los grandes parques eólicos y solares construidos hasta ahora. Desde Ecologistas en Acción de Navarra volvemos a pedir una paralización de los grandes parques eólicos y solares en el medio natural. Por supuesto que renovables sí, pero no así. El actual modelo de grandes polígonos, alejados de los lugares de consumo, solamente beneficia a las grandes empresas, es un modelo especulativo, que no deja de crecer, y perjudica a los consumidores y al medio ambiente, acabando a diario con ejemplares de fauna protegida.

La presente ley vende humo y progreso al promover la movilidad eléctrica, y obvia que lo necesario es reducir los desplazamientos. No se puede seguir con el actual ritmo de desplazamientos de personas y sobre todo de productos y mercancías. Las reservas de los materiales necesarios para esta movilidad eléctrica son limitadas, y se acabarán si se pretende convertir toda la movilidad en eléctrica. La presente ley no actúa frente a este gran foco de emisiones de calentamiento global del transporte, y no hace obligatoria una vuelta a lo local, solamente se hace una apuesta para tratar de adaptar y mitigar nuestra situación a las consecuencias del cambio climático. La globalización ha traído en este aspecto consecuencias muy negativas. Hay que relocalizar empresas y producción industrial, y acabar con el consumismo derrochador. Por ejemplo, el sector de la moda es uno de los que más emisiones produce. Por tanto, si antes no se reducen los desplazamientos la transición eléctrica será fallida.

La presente ley foral pasa por alto las advertencias de la comunidad científica que pide acciones más contundentes contra el cambio climático. Ya no es el momento de “promover” o “impulsar” la agricultura y ganadería ecológica, sino de marcar unos plazos para que se convierta en la única posible en Navarra, y, además, abandonando modelos intensivos, pasando a manejos extensivos que respetan los ciclos de la tierra, a las personas y nos aportan alimentos sanos. La actual ley debería haber planteado una moratoria en la ampliación y construcción de nuevas granjas intensivas. Según datos del Gobierno de Navarra, el 53% del agua del Canal de Navarra sirve para regar maíz forrajero destinado a la producción de pienso animal, para producir carne que principalmente se exporta. Si vamos a escenarios climáticos donde el agua disponible se reducirá entre un 16% y un 33%, se hace evidente que no podemos continuar con su actual consumo. Esta ley es otra oportunidad perdida para plantear como necesarias la agricultura y ganadería extensiva, eso sí hubiera estado a la altura de los grandes retos medioambientales, de lucha contra el cambio climático. Por el contrario, solo, y como venimos diciendo, se persigue la adaptación y mitigación.

La bicicleta es, de forma deliberada, la gran olvidada de esta ley. Mientras se promueven los vehículos eléctricos, que son el complemento a este desaforado y sobredimensionado modelo productivo renovable, se olvida a este modesto vehículo. Está claro que la bicicleta no le interesa al sistema, no consume energía y apenas genera gastos. Sin embargo, y pese a haber pedido desde Ecologistas en Acción de Navarra, en repetidas ocasiones planes de ayuda en la compra de bicicletas, en esta ley foral de cambio climático es la gran olvidada. Se apuesta por medidas inconcretas, medidas como los planes de movilidad, que no garantizan buenos resultados. No es hora de elaborar planes de movilidad o incluso de crear zonas de bajas emisiones, sino de revertir por completo la movilidad en las ciudades y pueblos, de hacer que el coche tenga un papel totalmente residual. Es hora ya de eliminar los coches de nuestros pueblos y ciudades, también los eléctricos, y optar por modos de desplazamiento totalmente sostenibles.

Con todo este panorama decir que se quieren cerrar las centrales térmicas de Castejón resulta ofensivo. Las centrales térmicas de Castejón deberían estar ya cerradas por ilegales. Pero no se cierran porque son, junto con las nucleares, el complemento a los grandes parques eólicos y solares que permiten mantener nuestro actual modelo productivo o de consumo. ¿Acaso nos quieren hacer creer que un tren de alta velocidad se puede alimentar solamente de renovables? Por la intermitencia de las energías renovables sencillamente esto no es posible. Las centrales térmicas de Castejón deberían estar cerradas ya porque mantienen nuestra dependencia de los recursos fósiles, porque son un importante foco de emisión de gases de efecto invernadero y porque empeoran la calidad del aire generando indirectamente ozono troposférico.

Como ocurre a menudo con otras leyes de protección del medio ambiente en Navarra, la labor inspectora y sancionadora en ésta Ley, aparece como un capítulo importante, sin embargo estamos hartos de ver que luego escasean los presupuestos y personal para llevarla a cabo, es otra deficiencia que aboca la Ley al fracaso.

Señoras y señores parlamentarios, no necesitábamos sus aplausos. Lamentablemente sus aplausos son la prueba de su incapacidad para afrontar la crisis climática y de pérdida de biodiversidad que estamos sufriendo. Sus aplausos son la constatación de un fracaso, un fracaso para haber llegado a acuerdos mucho tiempo antes y para haber implantado en esta ley medidas de emergencia, totalmente acordes con la situación actual, medidas que vienen siendo demandadas por la comunidad científica y que ustedes vuelven a desoír. No actuar de forma decidida contra el cambio climático es radical y negacionista. Se nos acusará de extremistas, pero esta vez todos ustedes lo son, mientras nosotros demandamos medidas honestas, sensatas y decididas ante la emergencia climática. ¿Qué nos dirán cuando sus planes hayan fracasado, cuando esa movilidad eléctrica, que también se basa en los recursos fósiles, haya acabado con los recursos para fabricar baterías, cuando su sistema sea incapaz de rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero? Deberían habernos dicho la verdad, haciendo un buen análisis, diciéndonos que si continuamos de esta manera desarrollista estamos abocados a un colapso civilizatorio. Lejos de todo esto, esta ley nos conduce a ese colapso, a una mayor pérdida de biodiversidad, a aceptar como irremediable el cambio climático y sus nefastas consecuencias. Por aportar un dato final, la ley que ustedes han aprobado busca reducir al menos las emisiones netas de gases de efecto invernadero un 55% en 2030 con respecto a los niveles del año 1990. Para comprobar ese objetivo, les emplazamos a ustedes y a toda la sociedad a esa fecha, que como siempre será la constatación de otro fracaso, otra oportunidad perdida.

Ecologistas en Acción de Navarra

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