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Necrofilia

La RAE define necrofilia como “atracción por la muerte o por alguno de sus aspectos”. Necrófilo es entonces aquella persona que siente atracción por la muerte. Viendo el vídeo que ha estado circulando por las redes de Santiago Abascal, el líder de Vox, dando un mitin en la discoteca de una ciudad española, en la que se ve a una multitud enfervorecida cantando al unísono y en voz en grito el himno de la Legión, ese que dice aquello de “soy el novio de la muerte”, uno piensa que aquello parecía una reunión de necrófilos.

A mí, que como decía Loquillo en ‘La mala reputación’, su versión de una canción de George Brassens, “la música militar nunca me supo levantar”, esa adoración enfervorizada por la muerte me resulta verdaderamente extraña. La muerte es algo que, aunque inevitable, desde luego, el ser humano rehúye de manera instintiva, algo en lo que la mayoría de nosotros no queremos pensar, algo de lo que no nos gusta hablar, y por eso mismo resulta cuando menos chocante que haya multitudes que celebren la muerte de una manera fanática, enfervorizada.

El vídeo es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando el individuo se confunde en la masa: ya sea una multitud en un acto político, o hinchas de fútbol, el individuo se siente enardecido en la masa, exaltado por una liturgia común en la que se siente identificado, fuerte, reafirmado en sus convicciones, y seguro y cómodo en el anonimato. El vídeo de Abascal se asemeja a una competición en la que todos rivalizan por ver quién grita “viva España” más alto, quién lleva la bandera más grande, quién canta con más fuerza loas a la muerte y al ejército. Quién, a fin de cuentas, es más patriota que los demás.

Porque estas personas miden el patriotismo por el volumen de su voz al gritar “viva España”, por el tamaño de la bandera que portan, por el afán con el que entonan el himno nacional o extrañas odas a la muerte… Se ven en la obligación de demostrar lo que ellos entienden como amor a la patria en público y a todas horas, venga o no a cuento. Si no, no eres lo suficientemente patriota. Y a sus ojos si no eres un patriota entonces eres sin duda un traidor antiespañol; no hay rivales políticos sino enemigos a los que derrotar.

Causa miedo y preocupación ver estas imágenes, en las que se puede ver a muchos jóvenes, personas que no habían nacido aun cuando Franco estaba en el poder. Y produce incluso más preocupación el saber que hay líderes políticos y periodistas echando leña al fuego continuamente, y algún que otro locutor radiofónico cuya única agenda parece ser promover la confrontación y la crispación.