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Por alusiones, Carlos Acarreta

Me gustaría responder aquí a un articulo reciente escrito por el señor Ricardo López Pérez titulado “Necesidad de un cambio de rumbo político”.

En dicho artículo, con el fin de defender a Vox y atacar al gobierno, el autor echa mano de una serie de consabidos tópicos: “gobierno social-comunista”, “bolivarianos”, “nacionalistas separatistas”, etcétera… Y también de algunas imprecisiones: habla del referéndum ilegal, cuando este fue convocado y realizado estando en el Gobierno el Partido Popular del señor Rajoy; la eliminación del castellano como lengua vehicular, algo que me gustaría saber dónde ha pasado, porque no tengo ninguna noticia de que el castellano haya sido eliminado como lengua vehicular en ninguna parte de España; y los ataques a la enseñanza concertada, vaya, así se debe denominar a que el Gobierno, con el dinero de los impuestos de todos los españoles, prime la subvención de la enseñanza publica por encima de la enseñanza concertada.

Defiende en el escrito el patriotismo como el sentirse español y estar orgulloso de ello. Algunos creemos que el patriotismo y el amor al país consisten más en intentar mejorar la vida de la mayoría de la ciudadanía que compone un país, sobre todo la de aquellas personas más desafortunadas y en situación más vulnerable.

No voy a defender aquí a capa y espada la acción del gobierno, ni del PSOE ni de Podemos, puesto que han cometido errores, y algunos muy graves. Todos tenemos en la memoria las palabras de Pedro Sánchez de hace aproximadamente un año, afirmando que habíamos ya vencido al Covid… Pero lo que más me llama la atención de la política nacional en el último año y medio es que, tristemente, España ha sido el único país de Europa donde, en medio de una terrible pandemia sin precedentes, la oposición no ha ofrecido apoyo al gobierno (un gobierno por cierto al que declaró ilegítimo desde el primer día -lo cual sí ha disparado todas clase de alarmas en la Unión Europea-, como si ese gobierno no hubiera sido elegido en las legítimas urnas) para combatir esta pandemia, para prorrogar el estado de alarma cuando hacía falta, para dialogar, para consensuar medidas… De manera vergonzosa, han usado la pandemia como arma arrojadiza. Han criticado las prórrogas del estado de alarma y luego han criticado el que es estado de alarma no haya sido prorrogado.

Que lo que representa Vox es fascismo y contrario a nuestra democracia es algo que prueban sus representantes un día sí y otro también: aquel que no piensa como ellos no tiene sitio alguno en el tipo de sociedad que les gustaría crear, como se demostró en el debate de la Cadena Ser en el que Rocío Monasterio echó a Pablo Iglesias de malas maneras o en el debate de la Asamblea de Ceuta hace unos días, cuando hasta diputados del PP llamaron a un diputado de Vox “sinvergüenza” y “fascista” por sus intolerables y aberrantes declaraciones xenófobas.

Vox no es un partido patriota, sino que hacen gala de un patriotismo xenófobo, trasnochado, malentendido e intolerante para ganar votos. Y para ello no les importa criminalizar a los inmigrantes ni negar la existencia de la violencia machista. Ni echar de los debates ni de los espacios públicos a aquellos que no piensan como ellos. Si eso no es dinamitar los cimientos de la democracia, de la convivencia, ¿qué es?

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