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Hope, por Carlos Muñoz

Afecto y decisión ante la fatalidad

El diagnóstico de una enfermedad grave es una prueba que nos desarma a nivel físico y sobre todo emocional. Por experiencia sabemos que, a pesar de las palabras de ánimo, los tratamientos médicos, la pelea personal por salir adelante, no te la ahorra nadie. El reto es ya épico para aquellas personas a las que les golpea el cáncer. De esta premisa parte la directora noruega, María Sødal, cuyo film está inspirado en su vida, cuando tuvo que luchar contra una metástasis cerebral, después de haber vencido un cáncer pulmonar. El film lo protagonizan: Andrea Braein Hovig y Stellan Skarsgárd.

Anja (Andrea Braein Hovig) y Tomas (Stellan Skarsgárd), son pareja de hecho, ella es una coreógrafa de prestigio, él un director teatral entregado a su profesión. Ambos poseen tres hijos biológicos y tres de matrimonios anteriores. Anja se ha sacrificado por su familia, pero Tomas se ha desentendido como padre, y ha dejado hundir su relación de pareja. Anja acude al médico por fuertes dolores de cabeza y el diagnóstico es demoledor: cáncer mortal en el cerebro.

La pareja oculta la noticia a sus hijos, por ser Navidades, y deciden comentarla en otro momento. La narración recorre diez días que van desde la víspera de Nochebuena hasta el día después de Año nuevo, cuando Anja será operada. Anja afronta la realidad alterada por la medicación, por su operación, y angustiada ante el futuro de sus hijos. Por su parte Tomas, impotente, medio paralizado, intenta convencerla de casarse el día de Nochevieja, como si el matrimonio curara las heridas provocadas por la ausencia, el desamor de tantos años…

La directora de Limbo, ofrece un relato carente de sentimentalismo, mostrando la cruda realidad, pero sin recrearse en lo doloroso, dejando que cada escena, cada gesto provoque el sentimiento por sí solo. La realizadora narra con firmeza, casi con frialdad bergmaniana, el drama de esta pareja, donde además se insinúan temas como: la deontología médica para comunicar este tipo de noticias, cómo afrontar la muerte, y la necesidad del otro para agarrarse a la vida en dramáticas circunstancias.

El trabajo de los dos actores es excelente, quizás Andrea Breaein Hovig roza la sobreactuación, aunque resuelve con brillantez el paso de un estado emocional a otro. A su lado, Stellan Skarsgárd, sobrio y contenido da un recital de interpretación, con sus gestos y miradas.

Un film que intuyo conseguirá el Oscar como mejor película extranjera, donde se nos muestra que cuando el cáncer golpea, las palabras, el afecto de otros, aunque importantes, se quedan cortos porque aferrarse a la vida con motivación, con perspectiva de futuro, es tarea personal y jorobadamente compleja.