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El patio del Palacio del Marqués de San Adrián, sede de la UNED de Tudela, se ha convertido durante el mes de febrero en un espacio para el viaje en el tiempo y, sobre todo, para la reflexión colectiva. Bajo el título XX años de arqueología comunitaria en Cascante, la exposición conmemora dos décadas de un proyecto pionero que ha demostrado que la arqueología no es solo una disciplina académica, sino también una herramienta social capaz de transformar un territorio y a su comunidad.

La muestra propone un doble recorrido. Por un lado, invita a descubrir la relevancia del antiguo territorium de Cascantum en época romana, un paisaje lejos de la imagen idealizada del cine, lleno de vida, trabajo y relaciones humanas. Por otro, repasa la trayectoria del Proyecto de Arqueología de Cascante, nacido en 2005 a iniciativa de la Asociación Cultural Amigos de Cascante Vicus, como una experiencia de ciencia compartida en la que la ciudadanía participa en todas las fases de la investigación.

Historia construida por quienes nunca aparecen en los libros

Lejos de presentar un pasado monumental y distante, los paneles ponen el foco en la cotidianidad. Villas, granjas, calzadas, canteras y campos de cultivo dibujan un territorio dinámico y productivo, habitado por familias propietarias, campesinado y población esclavizada. Pequeños objetos —pesas de telar, agujas de hueso, ollas ennegrecidas por el uso o fichas de juego— se convierten en grandes narradores de vidas anónimas, recordando que la Historia también la construyeron quienes nunca aparecen en los libros.

Puntos arqueológicos de Cascante

Uno de los ejes más sugerentes de la exposición es el Bronce de Agón, una inscripción jurídica clave para entender la organización del agua entre los siglos I y II de nuestra era. Este documento revela los conflictos de riego entre territorios dependientes de Cascantum y Caesar Augusta, demostrando que los debates sobre la gestión de los recursos naturales no son exclusivos del presente. Dos mil años después, las preguntas siguen siendo sorprendentemente similares.

La muestra también dialoga con las fuentes clásicas. Textos de Plinio, Tito Livio, Ptolomeo o el Itinerario de Antonino sitúan a Cascante en las grandes rutas del mundo romano, mientras monedas, ánforas y restos materiales aportan la dimensión tangible de ese pasado. Todo ello se completa con un gran plano que actúa como maqueta a escala, señalando los principales puntos excavados —Camponuevo, Piecordero, Reinuevo o La Estanca— y el trazado de la calzada romana.

20 años de prospecciones

Pero si hay un hilo conductor que atraviesa toda la exposición es la idea de comunidad. Durante veinte años, vecinos y vecinas de Cascante han participado en prospecciones, excavaciones, trabajos de laboratorio, conferencias y viajes, aportando miradas diversas que han enriquecido la investigación científica. La arqueología aparece aquí como una práctica inclusiva, donde las preguntas ciudadanas son tan valiosas como las herramientas técnicas.

Durante la inauguración, el director de la UNED Tudela, Luis Fernández, el alcade de Cascante, Alberto Añón, la Asociación Amigos de Cascante Vicus, representada por su presidente, Santiago Rueda, y la arqueóloga Marta Gómara, y el presidente de la Fundación Caja Navarra, José Ángel Andrés, coincidieron en subrayar el valor cultural, social y económico del proyecto que más allá de la identidad muestra como invertir en historia es también invertir en desarrollo.

La exposición XX años de arqueología comunitaria en Cascante reivindica la arqueología como un proceso vivo. Cascantum es una historia  que se está escribiendo entre todos y la invitación sigue abierta par a formar parte de ella.