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Ecologistas en Acción de la Ribera critica la construcción de la Plaza del Padre Lasa

El nuevo diseño reduce la zona de césped y aleja de convertir a la plaza en un refugio climático. Si la antigua plaza era un refugio los días de intenso calor, el nuevo diseño no va a ser una herramienta eficaz para estos días. La construcción reduce los espacios permeables, para que transpire la tierra. Otra vez más en el urbanismo de Tudela vuelve a imperar el cemento y el hormigón, pese a contar la ciudad con una climatología de extremos. Lamentablemente este diseño no se adapta a las consecuencias del cambio climático, donde cada vez son mayores las temperaturas y más amplias las olas de calor.

Hubieran sido necesarias más zonas de tierra, de cobertura vegetal, espacios que protegidos por la sombra de los árboles guarden y aporten humedad y frescura al ambiente. Lejos de todo esto otra vez el diseño frío se adueña de la ciudad. Lamentablemente este urbanismo no crea espacios de fomento de la biodiversidad. Las flores, insectos y aves nos devuelven toda una serie de beneficios, empezando porque nos aportan felicidad. El conjunto de la ciudad, y su urbanismo en particular, deben garantizar condiciones de salud y bienestar ante la crisis climática. Y el nuevo diseño de la Plaza del Padre Lasa no va en esa línea.

No solamente ha habido una reforma de la plaza, también ha sido retocada la Avenida del Barrio. Se dijo que se quería que la Plaza del Padre Lasa se abriera a esta avenida, pero el resultado ha sido negativo. De nuevo, con la mentalidad urbanística dominada por el coche, el resultado ha sido un espacio donde el dominador absoluto de ese espacio son los vehículos a motor, con una rotonda que no funciona bien. Hubiera sido deseable una transición peatonal que conectara estos espacios con la Avenida Santa Ana, con plataforma única, dando protagonismo al peatón y utilizando también arbolado para aportar sombra. Esta reforma nace ya antigua, con una mentalidad urbanística del pasado.

Además, el coste final de la obra ha sido desorbitado, casi triplicándose su presupuesto inicial. El proyecto partió de un presupuesto previsto inicialmente de 695.000 euros, que luego pasó a 1.600.000 euros. Finalmente en la obra el coste se ha ido a más de 1.82 millones de euros.

Es de lamentar también que esta vez tampoco ha habido un verdadero proceso participativo. Simplemente hubo unas reuniones informativas donde los vecinos apenas tuvieron posibilidad de solicitar cambios en pequeños detalles. Hubiera sido necesario realizar un proceso participativo anterior para escuchar la opinión de los vecinos, sin ideas ni planes preconcebidos por parte del Ayuntamiento.