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Decía Xavier Zubiri que la ciencia, el logro más definitivo del ser humano, tiene también a veces caminos equivocados. Por supuesto que la ciencia busca siempre la verdad de las cosas, lo que pasa es que no siempre acierta con lo que sea la verdad; porque cabe la peligrosa deformación de reducir la realidad a hechos, a datos empíricos observables por los sentidos, observación hecha hoy desde el individualismo reinante, haciendo que lo que nuestra inteligencia capte no sea la esencia de lo observado, sino el dato impuesto desde nuestro punto de vista. Es esta la visión positivista.

Es difícil escapar a esto y la vida normal no suele presentar situaciones que lo permitan, pero la aparición imprevista del coronavirus ha hecho que se nos caiga una venda de los ojos, y en lugar de ver los datos que desde nuestro particular horizonte se divisan, nuestra vista está llegando mucho más lejos.

La aparición imprevista del corona virus ha hecho que se nos caiga una venda de los ojos

Condicionados por una rutina asoladora y por una perspectiva matizada con ocultas dosis de egoísmo, no estábamos comprendiendo siempre bien la realidad social. Si en ocasiones hemos pensado que asistir a un entierro o a un tanatorio era un molesto protocolo social, obligado por nuestras relaciones personales, sociales etc., hoy hemos comprobado nuestro error asumiendo que en todos los casos es un acto de profunda humanidad y consuelo; ¡cómo nos gustaría poder participar ahora en estos actos que la pandemia nos impide, y experimentar ese profundo lazo de unión con los familiares del finado!, seguro que ello nos produciría una paz especial. También la situación nos ha hecho comprender que pasear por la ciudad o el campo no es solo matar el rato, sino una agradable y esencial forma de relajarnos mientras disfrutamos de la conversación con quienes nos acompañan, y que saludar a los amigos no es un simple apretón de manos y una charla anodina, sino un deleite necesario que empezaba a pasarnos inadvertido. Ahora que hemos entendido estas actividades, ¡cuánto daríamos por poder realizar estas y otras similares, que antes realizábamos no con la suficiente convicción!

El coronavirus nos ha hecho saltar del dato impuesto por el individualismo a otra visión, a descubrir que la humanidad que late por todo nuestro ser solo se activa cuando vemos la realidad en su aspecto más profundo, huyendo del ramplón positivismo, cuando vivimos la naturaleza y consideramos que los otros ni molestan ni son enemigos potenciales, sino que es un gozo participar con ellos en todas las cosas de la vida.

Alfonso Verdoy