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Banca, por Pepé Alfaro

El individuo se sentía feliz. Inmensamente feliz. Y no era para menos. Un algoritmo de una de las redes sociales que frecuentaba y otro algoritmo de la IA (Inteligencia Artificial) le habían dado las gracias por su “contribución a la Economía”, denominándolo, en ambos casos, como “gran patriota”. Al parecer, la razón de esa felicitación patriótica se debía a que había puesto corazoncitos y diferentes likes (“me gusta”, dicho en castellano) cada vez que se notificaba que la Banca había presentado unos más que considerables beneficios, en estos tiempos que no son precisamente de echar las campanas al vuelo, al haber cada vez más gente en riesgo grave de pobreza. Por cierto, unos beneficios calificados como “obscenos” por no pocos analistas.

Pero el individuo se sentía importante por esas felicitaciones. Lo dicho: feliz. Porque, sin duda, había contribuido a generar esos beneficios, gracias (como la misma Banca reconocía) a la subida de intereses de los préstamos e hipotecas. Y él lo había hecho por partida triple, pues estaba pagando la hipoteca del piso y de un par de préstamos para el coche y para los estudios de las hijas. Y es que, cuando uno contribuye a que la Economía del país vaya bien, está bien que se sienta bien y que la IA lo detecte y deje constancia de ello.

La misma IA que afirmaba que, parte de esos beneficios, vendrán muy bien para reconstruir todo lo que las guerras están destruyendo en tantos lugares del mundo, así como para paliar cuantos desastres viene ocasionando el cambio climático. Porque parece claro que la IA va a ser la solución de cuantos problemas se planteen en “la sucia piel del mundo”. A más desastres, más beneficios.

Y es que la IA, entre otras cosas “positivas” (lo de “positivas” es una calificación que la IA hace sobre la IA), está consiguiendo reducir el personal en casi todas las áreas productivas, con lo que los beneficios serán aún mayores. Ya están adelantando algunas reducciones que llegan hasta el 50% del personal, como es el caso de la aviación en que se piensa sustituir al copiloto por un chip, pues la IA ha hecho una previsión que con lo que se ahorrará en sueldos, se podrá pagar con creces las catástrofes aéreas que se producirán. Y otras reducciones de personal que ya vienen de lejos, como que nos atienda una pantalla a la hora de pagar en los hipermercados o que nos llenemos el depósito de combustible sin tener el carnet de manipuladores de sustancias peligrosas. Reducciones que ahorran mucho personal de clase media y baja para que los beneficios de los jefes aumenten obscenamente. Sí, obscenamente. Como debe ser, dice la IA.

Esa misma IA que se encarga de clonar individuos estúpidamente felices.