En la Asamblea Antipolígono leemos con estupor que el JEMA, la delegada del gobierno en Navarra, la consejera de Interior del Ejecutivo foral, el presidente del TSJN, el fiscal superior de Navarra, el presidente de la Comunidad de Bardenas y el alcalde de Tudela, entre otras autoridades, brindaron recientemente por otros 75 años de polígono de tiro y bombardeo en las Bardenas.
Si no les da vergüenza decir y hacer algo así, debe ser sencillamente que no la tienen, especialmente las autoridades civiles allá presentes, responsables de velar por la seguridad de su vecindario y por el patrimonio comunal. Están hablando de un polígono de tiro y bombardeo en el corazón de un parque natural, de una Reserva de la biosfera, de un territorio comunal. Ubicación que, para mayor escarnio, comenzó en pleno franquismo en 1951 sin que ningún gobierno de la democracia actual haya movido un dedo para ponerle fin. Sí hubo presidentes de gobierno navarro, por cierto, de la derecha, que al menos pidieron en un caso que el polígono de tiro saliese de Navarra y en otro caso se mostró su disposición a liderar la oposición a dicha instalación militar. Pero esa oposición se silenció cuando se firmó un contrato que aumentaba sustancialmente los ingresos de la renta obtenida.
La falta de transparencia sobre el armamento utilizado en las maniobras con fuego real, el manto de silencio y acordonamiento del territorio en los accidentes mortales habidos, las sospechas de utilización en Bardenas de uranio empobrecido durante la guerra de los Balcanes, la prohibición en su día de que Chris Busby, secretario científico del Comité Europeo sobre Riesgos Radiactivos, viniese a hacer una comprobación en Bardenas a petición de la Asamblea Antipolígono, el creciente peligro de albergar cerca de poblaciones una instalación militar de este tipo en un mundo amenazado por guerras, militarismos y gobiernos autoritarios, el ninguneo a las figuras medioambientales del territorio de Bardenas, el mantenimiento de una representatividad muy discutible de la vecindad en la Comunidad de Bardenas, son más que suficientes para poner en entredicho cualquier celebración de la prolongada ubicación del polígono de tiro y bombardeo en nuestro territorio comunal. Brindar por 75 años más es una burla, un insulto.
Es el comienzo de una campaña que amenaza con una prolongada continuidad del polígono de tiro en Bardenas dos años antes de la conclusión del actual contrato de arrendamiento. Todo ello cuando los tambores de guerra no cesan alrededor de Europa, los riesgos se hacen más evidentes, y aumentan los presupuestos para fines militares en detrimento de los destinados a Sanidad, Educación o Bienestar social.
La Asamblea Antipolígono denuncia que ni siquiera el actual gobierno navarro haya mostrado el más mínimo interés por la salida de Bardenas de la instalación militar e insta a todos los partidos navarros a defender con ahínco la finalización de la ubicación del polígono de tiro en Bardenas al terminar el contrato en 2028, a trabajar por unas Bardenas para la paz, a diseñar un programa de financiación que supla el déficit que dejaría la falta de ingresos por la renta del terreno a Defensa, y a incorporar todo ello en su programa electoral, tanto en las elecciones autonómicas como en las legislativas.
Milagros Rubio y Eduardo Navascués, en representación de la ASAMBLEA ANTIPOLÍGONO












