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Cabanillas al pilpil, Ángel Bernardo Galindo Serrano

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En el pueblo no se habla de otra cosa.

Por enésima vez, Cabanillas vuelve a quedarse fuera del grupo de municipios que han obtenido ayudas dentro del Plan de Inversiones Locales (PIL).

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Durante el periodo 2026-2028 nuestro municipio no percibirá ni un céntimo de dicho Plan.
De las inversiones propuestas por nuestro consistorio ninguna ha sido incluida, ni la pavimentación de las calles Fragua, Las Eras, Juan XXIII y Canal; ni la renovación de redes en calles San Isidro, Bardenas Reales, San Francisco Javier, Caballeros de Jerusalén y Fueros de Navarra; ni la pavimentación de calles San Isidro y Bardenas Reales.

Por supuesto, tampoco ha sido incluido el originalísimo proyecto denominado “Implantación de la calle Norte”, por la sencilla razón de que la actuación prevista no se refiere a una vía pública.

Puestos al habla con varios expertos, nos han confirmado que es posible que las propuestas técnicas presentadas por Cabanillas no reuniesen las condiciones mínimas de calidad, que se basaran en datos no actualizados o que no justificasen de forma adecuada los requisitos imprescindibles, con lo que, en estos momentos, todas las miradas se dirigen hacia la Alcaldía, la concejalía de urbanismo y los servicios técnicos municipales como responsables del nuevo desastre por incuria, dejadez e incompetencia.

En las tertulias de bar de esta semana se ha recordado que en el pasado mes de Agosto se aprobó un crédito presupuestario especialmente destinado a la elaboración de los documentos técnicos idóneos para solicitar estas ayudas, pero a la vista de lo ocurrido, todo el mundo se pregunta cómo se ha gastado ese dinero, quién ha redactado las memorias y cuánto han costado.

Como ya es costumbre por aquí, nada ha transcendido desde la Casa Consistorial cabanillera, donde el mutismo y la falta de transparencia siguen siendo la tónica general.

Los vecinos más audaces han propuesto que, ya que las ayudas del Gobierno de Navarra van a ser de cero euros durante estos tres años, las obras propuestas se financien con cargo a la famosa indemnización que una conocida empresa constructora nos ha abonado o nos va a abonar por la ejecución defectuosa de unos contratos hace siete años. Al fin y al cabo no dejan de ser dineros cuyo destino era, precisamente, financiar actuaciones de mejora de redes y pavimentación de calles.

No obstante, en lo que todo el mundo coincide es en que esta sequía de obras subvencionadas no puede durar más y que nuestros ediles y nuestros técnicos tienen que ponerse las pilas. Ya no hay excusas. Si nadie lo remedia, se nos va a ir la legislatura sin arreglar una sola calle. Y se trata de servicios esenciales para la población.

Dios sabe cuándo volveremos a tropezar con otra empresa que nos indemnice. Y no vamos a fiarlo todo a los molinos, que pagan tarde y mal.

Ángel Bernardo Galindo Serrano

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