En Ablitas, localidad de poco más de 2.600 habitantes, el reciente fallecimiento, en la misma jornada, de dos vecinas, ambas centenarias, ha dejado una impresión tan honda como poco habitual.
No es la primera vez que la longevidad distingue al municipio. Hace algunos años convivieron en la localidad cuatro personas de más de cien años, un dato que, en un pueblo de este tamaño, invita casi a pensar que aquí el tiempo se despista o se toma ciertas licencias.
Desde esa perspectiva, lo ocurrido ahora, aun siendo sorprendente, parece menos caprichoso: como si el azar, poco dado a repetirse, hubiera decidido hacerlo en Ablitas.
Agustina y Josefina formaban parte de la vida cotidiana del pueblo, de su memoria compartida. Su ausencia deja un vacío sereno y cercano.
Y quizá, en esta coincidencia, haya también un último gesto del tiempo: el de reunir despedidas en lo que bien podría llamarse un funeral centenario.
Pedro J. Soto Santos












