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Solos, por Alfonso Verdoy

La soledad no es algo que se resuelve simplemente teniendo compañía, pues puede que esta sea muy numerosa y tener, pese a ello, una intensa vivencia de soledad. Y es que todo el jaleo que produzcan quienes nos acompañan no basta para sentir que son compañeros auténticos, porque la autenticidad no es solo presencia física de otras personas, sino experimentar que somos aceptados por ellas y se interesan por nosotros.

Lo cierto es que en nuestra sociedad occidental son frecuentes las tertulias, las peñas de amigos y amigas, los paseos en cómoda y distendida charla, lo que supone una de las experiencias más relajantes y que más nos humanizan. Pero también es cierto que hoy en día, y debido a esa tecnología que tanto nos promete, ha surgido una pequeña corrosión entre los grupos, una corrosión que va oxidando poco a poco esa convivencia y puede llegar a destruirla, si no nos proponemos seriamente lo contrario.

Me refiero a los teléfonos móviles que ofrecen tentadoramente conectarse con lo que está lejos y viajar aparentemente a cualquier parte. Gracias a ellos, aunque aquí podríamos decir por culpa de ellos, en esos grupos en los que nos sentíamos libres y tranquilos por sabernos aceptados, empieza a ocurrir que los lazos de unión se aflojan en ciertos momentos. Quién más quién menos no duda en acudir al móvil, desatender la dinámica amistosa del grupo y pasearse por el mundo virtual despreciando la auténtica realidad de la situación que está viviendo, dejando con la palabra en la boca a sus amigos. Claro que hay urgencias que lo exigen, pero no es así en la mayoría de las veces.

«La compañía no es solo presencia física de otras personas,
sino sentirse aceptado por ellas»

Pero además de romper lazos con los otros y dejarlos solos, es él principalmente quien se va sumiendo en una peligrosa soledad aunque no lo crea, aunque haya conocido en ese lapsus muchas noticias y haya visto bellos paisajes: se ha quedado solo puesto que ha cortado de raíz la verdadera comunicación, resultando una ironía que el móvil sirva en estos casos para aislar en vez de para unir. No podemos excusarnos diciendo que son instantes breves y ocasionales, pues todo empieza por poco y aumenta sin darnos cuenta.

Ese teléfono móvil que tanto nos entusiasma y tanto bien nos puede hacer si lo utilizamos como debe ser, tiene también sus peligros y nos está llevando por una pendiente que conduce a la soledad. Claro que todavía estamos a tiempo de pisar el freno y ascender lo que hayamos descendido, para recuperar y gozar de nuevo de la auténtica compañía que es lo que nos hace felices, sin necesitar para ello de ninguna tecnología.