La novena edición de la representación volvió a llenar el Casco Antiguo de crítica social, humor y tradición con un montaje que repasó los principales asuntos de la actualidad local a través de sus personajes y de los bailes interpretados por el Grupo de Danzas del Casco Viejo.
Durante la hora y media de representación, la actualidad política, la vivienda, la cultura, las fiestas, la convivencia y hasta la geopolítica internacional encontraron este año un hueco en el escenario del Paloteado del Casco Viejo. La novena edición de esta representación volvió a demostrar que esta escenificación es una de las mejores herramientas para dar un repaso a Tudela desde el humor, la ironía y la crítica social.
Bajo la coordinación de José Luis Balmaseda Calvo, el espectáculo mantuvo intacta la esencia de los paloteados, con personajes populares que dialogan en verso para desgranar, sin apenas dejar tema por tocar, buena parte de los debates que han marcado la vida política y social de la ciudad durante el último año.
Un intenso tridente
El primero en salir a escena fue el Mayoral, interpretado por Julio Ruiz Carcavilla, acompañado del Rabadán, al que dio vida Jesús Villarroya Anguiano «Espi», y del Zipotero, representado por David Jiménez Ayllón. Los tres fueron los encargados de abrir el intercambio de versos que arrancó con una de las principales preocupaciones de la ciudadanía, la dificultad para acceder a una vivienda.

El elevado precio de los alquileres, la especulación inmobiliaria, la proliferación de pisos turísticos o las dificultades para rehabilitar las viviendas del Casco Viejo centraron los primeros compases de la representación. A ello se sumó una mirada al encarecimiento del coste de la vida, ironizando sobre el precio de la hostelería tudelana, donde, según apuntaban los versos, «con un pintxo y una caña ya has jodido la cartera», una realidad que enlazaba con la pérdida de poder adquisitivo de muchos vecinos. Todo ello acompañado de una reflexión sobre la pérdida de población joven en el barrio y la necesidad de devolverle vida.
Desde ahí, el texto fue enlazando asuntos de actualidad municipal. La gestión del Ayuntamiento ocupó buena parte del libreto, con referencias a proyectos urbanísticos, subvenciones, espacios públicos, la programación cultural, el funcionamiento administrativo o la comunicación institucional, convertidos todos ellos en combustible para la sátira. Buena parte de esas críticas tuvieron como destinatario al alcalde de Tudela, al que los personajes reprocharon su forma de ejercer el gobierno, su protagonismo en las redes sociales, la confrontación permanente con otras administraciones y una gestión que, según los versos, busca con frecuencia responsables antes que asumir errores propios.
Las fiestas, la cultura y la censura
Otro de los bloques más desarrollados fue el dedicado a las fiestas de Santa Ana y al ambiente festivo de Tudela. Las referencias a las agresiones protagonizadas por grupos ultras, las denuncias, las pintadas, la convivencia entre peñas y las polémicas vividas durante las últimas fiestas fueron apareciendo entre los diálogos de los personajes.
La cultura también ocupó un lugar destacado. El Paloteado llevó al escenario el debate sobre la libertad de expresión y la censura que, según denunciaron los personajes del Paloteado, encuentran algunos colectivos para desarrollar sus iniciativas en la ciudad.
Entre las críticas las decisiones municipales relacionadas con expresiones vinculadas al euskera, la cultura vasca, citando episodios como la polémica por la decoración del Comercio Justo con los colores de Palestina, la negativa a la celebración de un torneo por incluir la expresión Euskal Herria en su cartelería o las trabas que, a juicio del libreto, han afectado a distintas propuestas culturales. El texto tampoco pasó por alto la resolución del Tribunal Administrativo de Navarra sobre el cierre de la exposición del colectivo LAB, utilizada por los personajes para cuestionar algunas decisiones adoptadas desde la Alcaldía.
Ese mismo tono irónico se trasladó también al apartado de las tradiciones, donde los personajes cuestionaron la incorporación de elementos que, a su juicio, poco tienen que ver con la identidad tudelana. Así desfilaron sobre el escenario referencias a la llegada de Papá Noel en moto, el Burrito Sabanero durante el encendido navideño, la jotasaeta como una supuesta nueva modalidad del folclore local o la presencia de los bombos de la Rompida de la Hora, recurriendo al humor para reflexionar sobre qué tradiciones forman realmente parte del patrimonio cultural de la ciudad y cuáles consideran importadas.

El «Facha», contrapunto de toda la representación
Uno de los recursos de esta edición fue la aparición de un nuevo personaje, el «Facha», interpretado por Noel Iriz de Pablo, convertido en antagonista del resto de protagonistas. Su irrupción sirvió para introducir buena parte de los debates ideológicos que atravesaron la representación sobre memoria democrática, franquismo, discursos de odio, inmigración, convivencia o libertad de expresión.
Frente a sus intervenciones, el resto de personajes defendieron la convivencia entre diferentes sensibilidades, rechazando los discursos excluyentes y reivindicando una Tudela plural y abierta.
Especial intensidad alcanzó el tramo final de la representación, cuando el enfrentamiento dialéctico derivó en una defensa explícita del respeto, la tolerancia y la convivencia como valores compartidos de la ciudad, culminando con la expulsión simbólica del personaje del escenario.
De Palestina al eclipse pasando por Bardenas
La actualidad internacional tampoco quedó fuera del libreto. Palestina, la guerra en Gaza, Donald Trump, Benjamin Netanyahu o el uso político de determinados conflictos internacionales fueron apareciendo entre los versos junto a críticas hacia los discursos de odio y la utilización partidista de determinados asuntos.
Junto a ello, el personaje de Bardena, interpretado por Beatriz Briñas Peña, permitió introducir cuestiones relacionadas con el medio ambiente, la erosión del parque natural, los bombardeos militares y el esperado eclipse total de Sol que podrá contemplarse el próximo verano desde la Ribera.
Por su parte, Santiago Muela Caraset, en el papel de Don Zierzo, aportó buena parte del tono reflexivo del espectáculo, mezclando la crítica política con mensajes en defensa de la convivencia y del patrimonio cultural tudelano.
Tradición y compromiso
El espectáculo también reservó un espacio para el recuerdo de dos figuras muy queridas en Tudela. Por un lado, Alfonso Verdoy, del que se destacó la huella que dejó en la cultura local y cuyo trabajo fue reconocido incluso en la gala de los Premios Goya. Por otro, Jesús Larrasoain, recordado como un sindicalista comprometido, «majo, rocero y cordial», siempre dispuesto a ayudar a los demás. Dos homenajes con los que el Paloteado quiso reivindicar el papel de quienes, desde el compromiso social y cultural, contribuyen a hacer ciudad y a mantener vivo el patrimonio humano e inmaterial de Tudela.

Entre acto y acto, las neskas del Grupo de Danzas del Casco Viejo fueron las encargadas de interpretar las diferentes danzas tradicionales hasta que llegó su momento sobre el escenario con un bloque en el que a modo de programa de investigación, repasaron algunas de las polémicas municipales como la situación del Mercado de Abastos, la burocracia municipal y las dificultades que, según reflejaron sus versos, encuentran algunos colectivos para ser escuchados por el Ayuntamiento.












