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La sombra del eclipse todavía aún no ha tocado Fitero, pero este domingo por la tarde ya se ha podido sentir bajo las bóvedas centenarias de su monasterio. La iglesia abacial del antiguo Monasterio de Fitero completó su aforo en la tarde-noche del 9 de agosto para acoger La víspera de la sombra: el Císter, Bécquer y la luna, un espectáculo cultural que enlazó historia, literatura, espiritualidad y música alrededor del eclipse total de Sol del próximo miércoles 12 de agosto.

La propuesta destacó por su originalidad y creatividad narrativa y llevó al público hasta el último tercio del siglo XIX en un encuentro en el tiempo dentro de los muros del monasterio donde Gustavo Adolfo Bécquer conversa con los monjes cistercienses de Fitero.

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El eclipse sirve de hilo conductor de un diálogo en el que la llegada de la oscuridad da pie para hablar del ser humano, de los miedos, de la belleza, de la fugacidad del tiempo, la soledad, el amor, la fe y la continúa búsqueda de respuestas ante aquello que no podemos controlar.

Cuando la oscuridad habla

El montaje convierte los 86 segundos de oscuridad que vivirá Fitero durante la totalidad del eclipse en algo más que una cifra y que el poeta y religiosos tratan de comprender para dar respuesta a qué sucede cuando, durante poco más de un minuto, aquello que parece permanente deja de serlo.

«La luz se ha retirado y, sin embargo, nada ha cambiado. Aquí seguimos, ¿lo ves, poeta?», interpela el monje a un poeta que replica desde la inquietud. «Dices eso con calma, pero el alma tiembla. Hay en esta sombra algo que sobrecoge, como si el mundo dejara de ser seguro».

A partir de ahí, la conversación abandona la perspectiva astronómica para adentrarse en un nuevo territorio más existencial en el que la contradicción entre temor y fascinación protagoniza la escena. «Y, aun así, qué belleza en ese instante. Es terrible y es hermoso», admite el poeta.

Es precisamente en esa dualidad donde la propuesta encuentra buena parte de su fuerza. La oscuridad no aparece únicamente como ausencia de luz, sino como un espacio desde el que cuestionarse certezas. Los monjes establecen un paralelismo entre la sombra provocada por el eclipse y la oscuridad interior que acompaña a la búsqueda espiritual. «Nosotros buscamos esta oscuridad, no la del eclipse, sino la del alma cuando se vacía de sí misma», le replican a Bécquer los monjes.

«¿Qué es poesía ahora?»

El poeta observa el fenómeno con la sensibilidad de quien intenta convertir aquello que contempla en palabras, hasta enfrentarse a la pregunta que le lanza el monje. «Decidme, poeta, ¿qué es poesía ahora?».

Y la respuesta conduce directamente al acontecimiento que esperan miles de personas el próximo 12 de agosto. «La poesía es esto. Este instante de 86 segundos que no se puede poseer. Esta sombra revela más que la luz. Este temblor que nos recuerda: somos pequeños y, sin embargo, capaces de mirar».

Bécquer regresa al monasterio

La elección del poeta romántico no es casual. El espectáculo recupera la relación de Gustavo Adolfo Bécquer con el Monasterio de Fitero para construir un puente entre literatura, patrimonio y el eclipse de 2026.

El propio libreto explica que «el eclipse del próximo 12 de agosto es el hilo conductor del sueño de Bécquer. En su búsqueda, el poeta encontró, entre los muros de este monasterio, los ecos de aquellos monjes que, durante siglos, persiguieron la luz en lo invisible».

El edificio deja de ser así un mero continente para incorporarse a la narración. «El monasterio de Fitero no es un simple escenario; es un personaje vivo, un testigo del tiempo», una afirmación apropiada para una representación concebida alrededor de un lugar cuya arquitectura, historia y atmósfera ayudan sin quererlo a multiplicar la capacidad evocadora de la propuesta de manera que el público no solo asiste a una representación dentro del monasterio sin que el monasterio forma parte de la representación.

Palabra, música, luz y silencio

El papel de Bécquer estuvo interpretado por Pedro Luis Calleja, mientras que Alejo Falces dio vida al monje que conversa con el poeta y Mari Carmen Barea ejerció como narradora.

La música tuvo un peso especial y destacado. El organista José María Berdejo Marín, director de Música de la Basílica Catedral de Nuestra Señora del Pilar y de la Catedral de La Seo de Zaragoza, participó en el espectáculo, junto a la violonchelista Carmen Marín Andrés, mientras que la espectacular iluminación corrió a cargo de Ars Symphony.

Como abad intervino José Eladio Díez, acompañado por un amplio grupo de monjes interpretados por Luis Miguel González, Jesús Yanguas, Javier Gil, José Manuel Fernández, Íñigo Olcoz, Íñigo Llorente, Jesús Mª Alfaro, Pachi Yanguas, Ángel Vergara, Jesús Sola, Román Oliver y Alberto Guijarro.

Los textos, el guion y la dirección han sido obra de Miguel Aguirre Yanguas, responsable de articular este montaje en el que el eclipse funciona como detonante para abordar cuestiones universales a lo largo del tiempo.

La producción contó con Barda Melero, Jesús Juan Rupérez, José Eladio Díez, Íñigo Olcoz y Ángel Vergara, mientras que en la acogida y organización participaron Barda Melero, Estela Yanguas, Anto Berdonces, Cristina Cabrera, María Oliver, Blanca Jiménez, Elena Jiménez, Mª José Berdonces y Conchi Rupérez.

Lleno absoluto y amplia representación institucional

La respuesta del público confirmó el interés que ha despertado la propuesta. La iglesia abacial presentó un aforo completamente lleno, en una noche de cultura, patrimonio y la inevitable expectación ante el eclipse.

Entre los asistentes, una amplia representación institucional. Acudieron tres consejeros del Gobierno de Navarra: Carmen Maeztu, Óscar Chivite y Juan Luis García, así como parlamentarios forales y concejales de diferentes localidades de la Ribera

La antesala de 86 segundos irrepetibles

La víspera de la sombra forma parte de la programación que ha organizado el ayuntamiento de la localidad para completar las actividades que tendrán lugar el 12 de agosto, fecha en la que Fitero se convertirá en un enclave privilegiado en Navarra para contemplar la totalidad del fenómeno astronomico.

La obra deja para el final un deseo que cobra pleno sentido a las puertas de un acontecimiento irrepetible. «Cuando el resplandor regrese, ojalá no ilumine únicamente el horizonte, sino también la memoria, el corazón y el alma de quienes hayan compartido este instante irrepetible».

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