Inicio Colaboradores Alfonso Verdoy Lo que hay, por Alfonso Verdoy

Lo que hay, por Alfonso Verdoy

Es esta una frase que hoy utilizamos mucho; generalmente la empleamos para justificar lo que no hemos podido hacer o evitar. “Lo que hay” viene a ser como un compendio de circunstancias que nos rodean, algunas favorables y otras perjudiciales, ante las que no nos cabe otra cosa que aceptarlas tal cual, asumiendo los efectos negativos o positivos que nos deparen. Y esto es ya un fenómeno predominante. En parecido sentido, “lo que hay” es similar a “los tiempos que corren”, dejando claro que son los tiempos los que se mueven y nos arrastran con ellos, queramos o no.

Siendo esto verdad, no tenemos en cuenta que es una verdad coyuntural y no absoluta, porque nosotros también podemos imponer otra verdad diferente, la que consiste en oponernos a ese torbellino en que a veces se convierte la vida; de ese modo, en lugar de ser los tiempos lo que corren y nos absorban, seremos nosotros los que nos movamos y podamos imponer nuestro tiempo personal. Y es que la auténtica vida se constituye cuando somos nosotros quienes elegimos el modo como queramos que fluya, una fluencia que brote con orden sin atender a urgencias externas; sentiremos en ese fluir que somos nuestros propios dueños porque vivimos el tiempo a nuestro gusto, lo atemperamos a nuestro modo de ser y mana desde nosotros, no desde “lo que hay”.

«La vida auténtica se constituye cuando somos nosotros quienes elegimos el modo como queramos que fluya»

Así es como desarrollamos nuestras facultades y nuestra personalidad a nuestra manera, según nuestras inclinaciones; podemos desplegarnos con tranquilidad, relajados, sin dejarnos agobiar ni ceder a los apresuramientos, aunque tengan su lógica en algunos casos, fluyendo con orden y parsimonia en todos nuestros actos, sin prisas pero sin pausas como dice el refrán, haciendo que nuestra existencia siga el cauce y el ritmo que nosotros preferimos, y no el que los tiempos mandan.

De ese modo, los afectos que tengamos, las vivencias que nos acompañen serán verdadera consecuencia de nuestro ser, y no se nos ocurrirá renegar de ellas caso de que sean negativas¸ puesto que impusimos un orden en nuestras manifestaciones. Si esto ha sido así, será difícil que caigamos en el desánimo, que nos sintamos frustrados cuando no consigamos lo que nos habíamos propuesto. Así que siempre que seamos capaces de fluir de manera ordenada y tranquila, conseguiremos o no los objetivos elegidos, pero seguiremos siendo nosotros mismos, tendremos claro que conservamos nuestra autenticidad, y eso es el fundamento de la verdadera vida.