Jesús Álava Hortelano Popular Tudela
Jesús Álava, hortelano popular 2026
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A sus 63 años, Jesús Álava Sesma volverá a vivir uno de esos momentos que quedan para siempre en la memoria de cualquier tudelano. La Sociedad Deportiva Recreativa Frontón lo distinguirá este año como Hortelano Popular, un reconocimiento que llega después de toda una vida ligada al campo y que se suma a otros momentos muy especiales de su trayectoria, como haber sido Tudelano Popular hace dos décadas o prender la mecha del chupinazo de las fiestas de Santa Ana en 2011.

Casado desde hace 37 años con Trinidad Sanz, padre de Íñigo y María y abuelo de una nieta, Álava respira tudelanismo por los cuatro costados. Su vida ha estado marcada por el campo, pero también por la fotografía profesional, el folclore, la política municipal y una permanente inquietud cultural. Sin embargo, este último reconocimiento tiene para él un significado especial porque entiende que trasciende a su propia persona.

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«Me gustaría hacerlo extensible a reconocer un poco lo que es el oficio de la hortelanía y de la hortaliza en Tudela», explica. Para él, el homenaje no reconoce únicamente su trayectoria, sino la de tantas generaciones que hicieron de la huerta la seña de identidad de la ciudad. «Durante siglos ha sido la actividad fundamental de Tudela y la que le ha dado prestigio. Cuando se habla de las alcachofas de Tudela, de los espárragos, de la Mejana, de los cogollos o de las pochas, todo eso existe gracias a muchísimas generaciones que trabajaron en el campo».

Fiestas y de Santa Ana

Si algo define también a Jesús Álava es su implicación con las fiestas de Santa Ana. «Las fiestas consiguen que la gente se desinhiba, que vuelva a encontrarse y que disfrute junta. Son días muy especiales», reconoce.

Entre todos los actos hay dos que nunca faltan en su agenda, el chupinazo y la procesión de Santa Ana. Pero sin dura, el recuerdo más imborrable sigue siendo el del cohete de 2011. «Cuando vuelvo a ver aquellas imágenes pienso que fue un espectáculo impresionante. Son sensaciones que se quedan ahí para siempre y que ya son irrepetibles».

Ahora, quince años después de aquel momento, volverá a subir al escenario de las emociones, esta vez para recibir un homenaje que, insiste, no siente como algo personal. «Este reconocimiento es para todos esos hortelanos que durante generaciones hicieron de la huerta una forma de vida y ayudaron a construir el nombre de Tudela.»

Una vida con muchos caminos… y siempre regreso a la huerta

En la actualidad Jesús Álava se dedica plenamente a la agricultura pero su trayectoria profesional ha sido mucho más amplia. Hasta los treinta años trabajó en el campo y después decidió probar otros caminos.

Durante dieciséis años compaginó en trabajo en la industria con otra de sus grandes pasiones, la fotografía. Llegó a mantener durante dos décadas un estudio profesional especializado en fotografía. «La fotografía me apasiona, igual que la música, la pintura o la poesía. Siempre me ha gustado tocar muchos palos.»

También formó parte del Ayuntamiento de Tudela durante dos legislaturas y estuvo muy vinculado al folclore local desde muy joven, formando parte de la rondalla Brisas Tudelanas y del grupo Navarra Canta.

La llegada de la fotografía digital cambió nuevamente su rumbo. «Vi que la fotografía profesional ya no tenía el mismo sentido. Hoy cualquiera lleva una cámara encima y hace cientos de fotografías. Entonces decidí volver a lo que había visto hacer toda la vida en casa, el campo».

Ese regreso significó volver a las tierras de Mosquera, donde cultiva principalmente alcachofa y espárrago, además de otras hortalizas de temporada.

«Cada día veo más campos llenos de hierba»

Como muchos otros que le han precedido en el homenaje, a Álava también le preocupa el futuro de la agricultura tudelana. «En Tudela, con casi 40.000 habitantes, quedamos 25 o 30 agricultores viviendo realmente de esto».

Su diagnóstico es claro. El problema no es únicamente económico, sino también social y cultural. «Hay una mala cultura alrededor del campo. Muchos niños de Tudela no saben de dónde sale un tomate, qué es una acequia o qué significa un barbecho. Y eso empieza por la educación».

Para Álava, las ayudas públicas al sector son importantes, pero no resuelven el problema de fondo. «Yo no quiero ayudas. Lo que quiero es que mi producto tenga un precio justo. Si los costes de producción suben continuamente y los precios siguen siendo prácticamente los mismos que hace veinte años, es imposible atraer a gente joven».

A esa situación se suma la falta de relevo generacional. «Cada día bajo al campo y veo más parcelas abandonadas. La gente mayor lo va dejando y esos campos se quedan llenos de hierba. Eso me da mucha pena porque habla también del futuro de Tudela.»

Una ciudad que vive de la huerta… pero cada vez tiene menos hortelanos

Álava reconoce que Tudela sigue proyectando una potente imagen ligada a la verdura, pero advierte de que esa realidad empieza a sostenerse sobre muy pocos profesionales. «Vivimos un poco de las rentas de todo lo que hicieron generaciones anteriores. La huerta sigue siendo un magnífico escaparate para la ciudad, pero cada vez somos menos quienes nos dedicamos realmente a ella» comenta mientras lamenta ver como desaparecen los pequeños productores que durante décadas dieron vida a la Mejana y a Tudela.

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