17Hay historias que casi sin quererlo cierran una historia. El próximo 27 de julio, a las 12:00 horas, la Peña Moskera volverá a rendir el homenaje a la Abuela de Tudela, un reconocimiento que este año recaerá en Mari Carmen Pérez Casas, una mujer de 87 años cuya vida ha estado siempre ligada al barrio de Lourdes y ha sido muy cercana a las fiestas de Santa Ana y a las tradiciones de la capital ribera.
Esta edición, además, tendrá un simbolismo especial. Su marido, Guillermo Sanz Moneo, fue durante diez años presidente de la desaparecida Peña San Juan, la entidad que impulsó este homenaje en sus primeras ediciones, cuando su charanga recorría las calles de Tudela hasta la casa de la abuela elegida para sorprenderla. Ahora, años después, será la familia que contribuyó a crear este homenaje la que lo reciba con la misma emoción con la que durante años contribuyó a mantenerlo vivo.
Una vida ligada a Tudela
Nacida en una buhardilla de la calle Blas Morte, ahora Avenida de Zaragoza, Mari Carmen ha desarrollado prácticamente toda su vida en Tudela. Casada desde hace 58 años con Guillermo Sanz, es madre de Esther y Nacho y abuela de Ainhoa, Asier e Ian.
Antes de casarse, con apenas 14 años, trabajó en la histórica firma Confecciones Gallego, en la Calle Carrera de Tudela, aunque reconoce que su mayor dedicación ha sido siempre su familia. «La mayor parte de mi vida he sido ama de casa, madre y abuela», resume.
Su vinculación con la ciudad también ha estado marcada por el barrio de Lourdes, donde reside y del que ha vivido prácticamente toda su evolución, precisamente en el año en el que esta parte de la ciudad celebra su 75 aniversario.

Francia, un actor famoso y una experiencia inolvidable
Después de casarse emigró a Francia para trabajar. Allí residió nada menos que en la casa del actor francés Jean Lefebvre, protagonista de la película «Un idiota en París». «Estuve muy bien. Tenía mi habitación dentro de la casa y los patrones eran buenísimos», recuerda de aquella época.
También guarda un recuerdo especialmente cariñoso del actor. «Cuando estrenó la película me dio las entradas para que pudiera ir al estreno. Era muy buena persona», explica sin dejar de recordar con ilusión una etapa que le permitió conocer París, recorrer sus grandes avenidas y disfrutar de una ciudad que, reconoce, probablemente nunca habría conocido de otra manera.
Devoción por Santa Ana y pasión por las fiestas
Si de algo guarda un recuerdo más que grato Mari Carmen son de las fiestas de Santa Ana. «Me gusta todo. Sin excepción», asegura, aunque hoy el paso de los años le obliga a vivirlas de otra manera. Aún así reconoce que durante décadas no se perdió prácticamente ningún acto. «Mi marido y yo íbamos a todo lo que podíamos».
Como tudelana de toda la vida tampoco puede eludirse su cercanía con la patrona, Santa Ana. «Siempre he ido a la novena y he llevado a mis hijos cuando eran pequeños». Tampoco fallaba en la procesión, una tradición que, asegura, ha querido transmitir a toda su familia.
Su otra gran pasión han sido los encierros. «Siempre he ido a verlos. De soltera, de casada… siempre», comenta entre risas al recordar uno de los episodios protagonizado por su esposo. «Una pilló una vaca y hasta le quitó una zapatilla. Cuando se levantó pensé menos mal que está vivo».
Precisamente conoció al que es su marido durante unas fiestas y desde entonces ambos han compartido una vida estrechamente vinculada a las tradiciones tudelanas, a la Peña San Juan e incluso el germen de los que hoy son las Fiestas de la Verdura, donde Guillermo, conserje del Mercado de Abastos promovía la presencia de la charanga para dar protagonismo a los productos de la huerta tudelana.
Una sorpresa guardada en secreto
Mari Carmen reconoce que el nombramiento llegó completamente por sorpresa. Un día llamaron a la puerta de su casa y aparecieron varios representantes de la Peña Moskera. «¿Quiénes sois? ¿Qué pasa? ¿Qué he hecho yo?», recuerda que les preguntó entre la sorpresa y la curiosidad.
Después llegó la noticia y también una condición, guardar el secreto. «Me dijeron que no dijera nada… y no dije nada», relata entusiasmada por la aventura vivida. Ahora espera con ilusión un homenaje que sabe que será especialmente emocionante ya que se trata, probablemente, de uno de los actos más emotivos de las fiestas de Santa Ana al poner pone en valor las abuelas, mujeres que representan memoria, tradiciones y el alma del día a día de Tudela.












