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Hablemos de convivencia, por Anika Luján

Hace pocos días leí con cierta extrañeza el cartel que ha elaborado el Ayuntamiento de Tudela con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres de este año. Me agradó que la información estuviera en cuatro idiomas, pero me sorprendió que estos fueran, además del castellano y el árabe, el francés y el inglés, y no, por ejemplo, el rumano o el búlgaro, atendiendo a la población hablante de esas lenguas que vive en nuestra ciudad. También faltaba, cómo no, el euskara, la otra lengua de Navarra.

Resulta obvio para cualquiera que el Ayuntamiento de Tudela ha tenido una clara intención de dejar al euskara fuera de esta campaña. No sabría decir si ha sido provocación, olvido, indiferencia o simplemente un “que se note quién manda aquí” de Navarra Suma. Tampoco puedo señalar responsables, pues desconozco cómo ha sido el proceso de gestación de esta campaña, pero en este escrito me quiero dirigir al equipo de gobierno municipal como responsable último del Ayuntamiento.

No me voy a remontar a siglos pasados ni voy a intentar convencer a nadie de nada. Soy consciente de que en temas lingüísticos Navarra Suma y yo hablamos idiomas diferentes y así lo asumo. Sin embargo, hay algunas cuestiones que me gustaría recordar y subrayar, y me voy a centrar en el ejemplo de Argia Ikastola porque es el que mejor conozco.

Argia Ikastola nació en noviembre de 1984, hace ahora 36 años. Hemos educado y formado en euskara generaciones de personas tudelanas y riberas nacidas desde principios de los años 80 hasta nuestros días. Dicho de otro modo, cuando se fundó Argia Ikastola UPN era un partido todavía de corto recorrido. Argia Ikastola ya existía cuando nacieron algunos miembros de la actual corporación municipal y también cuando nació el Partido Popular en el año 89. Cuando Ciudadanos daba sus primeros años en Navarra, hacía años que en Argia Ikastola teníamos hijos e hijas de mujeres euskaldunes que a su vez habían sido alumnas de nuestra ikastola. Estos apuntes no son porque sí sino porque creo que hay que poner las cosas en su contexto. No somos seres extraños ni recién llegados. Por más que nos quieran volver invisibles, las y los euskaldunes existimos en Tudela.

Entre las personas adultas tudelanas de 30-40 años que viven, trabajan, consumen, disfrutan y pagan sus impuestos en Tudela, hay unas cuantas que son euskaldunes y están orgullosas de serlo. Hay otras que no viven aquí, unas están cerca y otras más lejos, en Europa y fuera de ella, desde Nueva York hasta Australia. Entre estas tudelanas también hay euskaldunes. También las hay más jóvenes que se mueven por el mundo sin que, afortunadamente, los idiomas les supongan ninguna barrera infranqueable. Bastantes de estas últimas tudelanas también son euskaldunes. Y ustedes son el ayuntamiento de todas ellas, de las euskaldunes y de las que no lo son, de las que les han votado y de las que no. No lo olviden.

Otro tanto podría decir de las niñas y niños de Tudela matriculados en euskara en los centros de Modelo A a lo largo de los años y de las personas que hemos aprendido euskara siendo adultas en la Escuela de Idiomas o en euskaltegis, yo misma entre ellas. También nosotras somos de aquí, vivimos aquí, trabajamos y contribuimos de mil maneras con la sociedad en la que vivimos.

Volviendo al cartel que ha motivado este escrito, el gesto, de tan obvio, resulta de mal gusto. Háganse mirar esa falsa inclusión que parecen querer mostrar y no consiguen. No se trata solo de respeto, que también. Hay que dar un paso más. Hablemos de convivencia. Ya es hora, ¿no les parece?

Anika Luján
Tudelana
Maestra en Argia Ikastola
Miembro del Consejo Navarro del Euskara a propuesta del Parlamento de Navarra.