Inicio Colaboradores Carlos Muñoz Dolor y Gloria, crítica cinematográfica de Carlos Muñoz

Dolor y Gloria, crítica cinematográfica de Carlos Muñoz

El bálsamo de la memoria

Al igual que el último trabajo de Clint Eastwood, Mula, film de tintes autobiográficos, Almodóvar hace lo propio con su film número 22. El director de (Julieta) narra la crisis personal y a nivel creativo de un director de cine, aquejado por el dolor físico y agarrado a un pasado. El film lo protagonizan algunos de sus actores fetiches: Antonio Banderas, Penélope Cruz, Asier Etexeandia, Julieta Serrano.

La película abre con la imagen de Salvador Mallo (Antonio Banderas), famoso director de cine, sumergido en una piscina, apesadumbrado, deprimido. Su recuerdo viaja hasta la década de los 60 en Paterna, Valencia, donde creció al amparo de su madre (joven Penélope Cruz/ Julieta Serrano anciana) y su padre (Raúl Arévalo). Los recuerdos afloran en su memoria: cómo acompañaba a su madre a lavar al rio, el descubrimiento del deseo, los desencuentros amorosos en el Madrid de los 80. En esos delicados momentos, la escritura y pasión por el cine atenuaron su dolor físico y existencial.

Al conocer que la Filmoteca va a reestrenar su primer film, decide reconciliarse con el actor protagonista, Alberto Crespo (Asier Etxeandia), con el cual no se habla desde entonces. El encuentro le devolverá a un presente donde el dolor físico le atenaza, y lo mitiga con la heroína. Su asistente (Nora Navas), le cuida, hace de confidente, pero no le libra de la crisis creativa, existencial. En esa de reconciliación con el pasado y lidiar el presente, aparecerá un antiguo amor (Leonardo Sbaraglia), provocando un mar de emociones y desasosiegos.

El director manchego realiza uno de sus film más personales, más intimista. En la figura del personaje de Salvador proyecta el cuestionamiento de su labor como director de cine, sus logros, frustraciones. En la narración se observan dos partes bien diferenciadas, la niñez, la adoración por su madre, el descubrimiento del deseo, su pasión; es muy emotiva, plagada de luminosidad, y una segunda parte más fría, donde la frustración ante la crisis creativa, los desengaños amorosos, el entrar y salir de personajes no acaba de atrapar, resulta distante. Obviamente, los ecos de su estilo, su fetichismo, resuena en sus imágenes, el colorido pop, las referencias sociales, intelectuales, la música de Alberto Iglesias…

Antonio Banderas, eje del film, actúa convincentemente pero no me acaba de emocionar, como si lo consigue Julieta Serrano interpretando a la madre anciana, y en menor medida una sugerente Penélope Cruz.
El director de Volver, ha realizado un film intimista, melancólico donde el amor al cine y a la madre son sus tablas salvadoras ante el olvido, el desengaño y frustraciones con las que la vida le ha azotado.