Hace algunos años, Ablitas podía presumir de contar, entre sus habitantes, con cuatro vecinos que habían superado el siglo de vida. Fueron los hermanos Francisco y Ángel Serrano Alegría, Simeón Gracia Antón y Antonia Librada. Antes también lo había alcanzado Jacinta Ruiz Ruiz. El dato no parecía sencillo de igualar y mucho menos de repetir.
Pero el tiempo, que en otros lugares corre y en Ablitas parece caminar con algo más de calma, ha vuelto a hacer de las suyas. En la actualidad, esta localidad navarra de poco más de 2.500 habitantes cuenta nuevamente con dos vecinos que acaban de cumplir cien años: Luis Serrano Aznar y Germán Soto Aguado.
Luis fue durante muchos años alguacil. Pocas personas habrán conocido como él las calles, las casas, los asuntos y quizá también algunos secretos del pueblo. Germán fue panadero, oficio de madrugadas, harina y horno, cuando el pan no llegaba envasado desde lejos, sino que llevaba detrás unas manos conocidas y formaba parte de la vida diaria de todos.
Entre ambos suman dos siglos de existencia y representan también dos oficios estrechamente unidos a la historia cotidiana de Ablitas: uno dedicó muchos años a servir al pueblo y a atender sus necesidades cotidianas; el otro ayudaba a despertarlo cada mañana con el olor del pan recién hecho.
Hace unos meses, el fallecimiento en una misma jornada de Agustina Soto Escribano y Josefina Antón Ruiz, ambas centenarias, dejó en la localidad la impresión de lo que entonces llamamos un «funeral centenario». Su despedida recordó que la longevidad no es únicamente una cifra estadística, sino memoria compartida, años vividos y una parte de la historia del pueblo que se marcha con cada una de estas personas.
Ahora Luis y Germán toman, sin haberlo pretendido, el relevo de aquellos vecinos centenarios. Habrá quien busque una explicación científica y quien prefiera atribuirlo a la genética. Tampoco faltará quien insista en las conocidas virtudes del aceite de nuestros olivos, del vino de nuestras viñas o del cierzo, que quizá conserve mejor a los abliteros de lo que ellos mismos sospechan.
Puede que todos tengan algo de razón. Pero seguramente el verdadero secreto se encuentre también en una generación acostumbrada a trabajar mucho, quejarse poco y vivir sin necesidad de consultar a cada momento cómo debía hacerlo.
A Luis Serrano Aznar y Germán Soto Aguado, por sus cien años recién cumplidos, nuestra más sincera felicitación. Y a Ablitas, la enhorabuena por seguir siendo un pueblo en el que, de vez en cuando, hasta el tiempo parece querer detenerse.
Pedro J. Soto Santos











