Cuando la Peña Ciudad Deportiva anunció que Juan R. Sainz sería el Tudelano Popular 2026, el homenaje fue mucho más allá del hombre que durante años dio vida al zaldiko. Era el reconocimiento a toda una trayectoria dedicada a cuidar, investigar y transmitir el patrimonio festivo de Tudela.
Él mismo quiso dejarlo claro durante el acto. “Yo soy uno más”, repitió varias veces. Porque entiende este reconocimiento como un premio compartido con aquella generación que, hace más de cuatro décadas, impulsó un renacer del folclore tudelano. Los gaiteros, los dantzaris, la Comparsa de Gigantes y Cabezudos… “Cuando descubrimos que el folclore era mucho más que bailar”, recordó emocionado.
Precisamente ese afán por conservar la memoria de la ciudad quedó reflejado el pasado septiembre con la presentación de su libro sobre la Jota de Tudela, una investigación que comenzó pensando en una edición casi familiar y que ha terminado convirtiéndose en todo un fenómeno. De los cien ejemplares previstos se ha pasado a una tirada cercana a los ochocientos. “Es un poco la historia del folclore popular de Tudela tal y como yo lo he vivido”, explicó.
2026 está siendo para Sainz un año cargado de simbolismo. Además del reconocimiento como Tudelano Popular, se cumplen 45 años desde que salió por primera vez con la gaita en las fiestas de Santa Ana y 40 años de la actual Comparsa de Gigantes y Cabezudos, dos aniversarios que resumen buena parte de su vida.
El homenaje llega, además, en un momento especialmente emotivo. Después de verse obligado a dejar el zaldiko por sus problemas de espalda, confesó que este reconocimiento le ayudará a “pasar el trago”. Acostumbrado siempre a trabajar “un paso por detrás”, reconoce que nunca esperó recibir tanto cariño de su ciudad. “Estoy agradecidísimo”, afirmó.
Pero si hubo una idea que repitió durante toda su intervención fue la necesidad de proteger la cultura popular. Para él, las fiestas son mucho más que un programa de actos. Son la identidad de una ciudad.
“Hay que progresar y cambiar muchas cosas, pero el mejor progreso es cuando tienes un ancla en las cosas buenas que hay que mantener”, defendió. Por eso reivindicó el trabajo de peñas, cuadrillas, colectivos y de todas las personas que, de forma voluntaria, mantienen vivas las tradiciones.
Porque, como recordó al finalizar, el verdadero mérito nunca ha sido suyo. “Nos lo hemos pasado bien. Es nuestra vida. Lo hemos gozado.” Quizá esa sea la mejor explicación de por qué, este año, Tudela ha decidido devolverle una parte del cariño que él lleva décadas entregándole a su ciudad.












