Carlota Ochoa y Mario Martínez tienen este año una de esas misiones en la que se mezcla la tradición y lo solemne, ya que serán los protagonistas del acto de imposición del pañuelo a la reja de Santa Ana que organiza la Peña La Jota, uno de esos momenticos de enorme emoción de las fiestas de Tudela.
Ellos, como corresponde a su edad, lo explican sin rodeos. ¿Qué tienen que hacer? “Ponerle el pañuelo a Santa Ana”. ¿Cómo? “Con una escalera”. ¿Y quién pone la escalera? “El tío”. Más claro, imposible.
Dos niños y una tradición
Mario tiene seis años, estudia en Compañía de María y el próximo curso pasará a 2º de Primaria. Si alguien quiere encontrarlo en fiestas, no tiene pérdida, basta con mirar hacia los actos con más movimiento. Le gustan el encierro y el chupinazo, y al encierro madruga con su madre para verlo “en la calle”. ¿Por qué le gusta tanto? Su respuesta también es directa. “Porque me gustan las vacas”.
Su madre, Elena Martínez, lo define como un niño “muy inquieto, muy cariñoso y divertido”, de esos que siempre tienen una pregunta preparada. “Todo lo que sea movimiento y diversión, Mario se apunta a lo que sea”, cuenta. También disfruta con el toro de fuego y con cualquier plan que suene a fiesta, ruido y calle.
Carlota tiene siete años, estudia en Griseras y también pasará el próximo curso a 2º de Primaria. Es más tranquila y algo tímida, pero tiene muy claro qué es lo que más le gusta de las fiestas, las ferias y el chupinazo. De las barracas, se queda con los caballitos. Y también disfruta de la Revoltosa, que corre con su padre. ¿Quién se cansa antes? Ella tampoco duda: “Él”.
Su madre, Cecilia López Martínez, la describe como una niña “buenísima, muy cariñosa y bastante tímida”. Precisamente por eso, este acto tiene para ella un valor especial. “Tenía mucha ilusión por hacerlo por su abuelo Fernando”, explica.
Una historia que viene de familia
La emoción de este acto no se entiende solo mirando a Carlota y Mario. Hay que mirar también a sus familias. Porque en su caso, poner el pañuelo a la reja de Santa Ana no es solo una responsabilidad, es casi una tradición heredada.
Carlota es hija de Cecilia López Martínez y Juan Carlos Ochoa Sánchez, y tiene una hermana, Carmen Ochoa. Mario es hijo de Elena Martínez y Sergio Martínez, y tiene dos hermanos, Andrés y Alejandro.
Las madres de ambos son primas, Carlota y Mario son primos segundos, y en sus casas este acto se vive desde hace años como una cita muy especial. Ya lo hicieron antes hermanos mayores, primos y otros familiares. “En cuanto cumplen la edad, alguien tiene que poner el pañuelo en la reja”, resume Cecilia.
También hay un vínculo muy fuerte con la peña. El abuelo de Mario, Pachi Martínez Sangüesa, es socio fundador, y el abuelo de Carlota, Fernando López Martínez, también está ligado a la entidad. De ahí que, para los dos pequeños, la misión de este año tenga algo de juego, algo de fiesta y mucho de tradición.
Una noche para recordar
En casa de Carlota lo viven como un día señalado. “Siempre que nos toca poner el pañuelo, quedamos todos para cenar y hacemos algo especial”, cuenta su madre. Es una forma de convertir el acto en recuerdo familiar, de esos que luego se contarán una y otra vez. Para Carlota, quizá será un pequeño reto vencido desde la timidez y la ilusión. Para Mario, será otra aventura más dentro de unas fiestas que le encantan.
Para sus familias, será, seguro, una de esas imágenes que se guardan en el álbum de fotos de Santa Ana con los dos niños, la escalera, el pañuelo rojo y los protagonistas que se dan el relevo de generación en generación.












