Verónica Gormedino Fiestas de Tudela 2026
Verónica Gormedino, concejala de Festejos
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Las fiestas de Santa Ana son siete días de celebración para los tudelanos, pero detrás de cada acto hay meses de trabajo, planificación y cientos de decisiones. La concejala de Festejos del Ayuntamiento de Tudela, Verónica Gormedino, repasa en esta entrevista cómo se preparan unas fiestas que movilizan a toda la ciudad, habla de las novedades de este año, de la convivencia entre ocio y descanso, de las demandas de los jóvenes y de la emoción que sigue sintiendo cada vez que escucha el «¡Viva Santa Ana!» desde una Plaza Nueva abarrotada.

¿Cuándo empiezan realmente las fiestas para una concejala de Festejos?

Mucho antes de lo que la gente imagina. De hecho, prácticamente cuando terminan unas fiestas ya empezamos a pensar en las siguientes. Durante Santa Ana vamos detectando pequeñas cosas que creemos que se pueden mejorar y las vamos anotando para el año siguiente.

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A nivel administrativo, el trabajo comienza prácticamente al mismo tiempo que la programación de Navidad, porque hay que preparar pliegos, reservar carrozas y organizar contratos que requieren muchos meses de antelación.

¿Cuál ha sido la decisión más difícil que ha tenido que tomar en la preparación de estas fiestas?

Más que tomar una decisión complicada, lo difícil es tener que decir que no. Todo el mundo quiere participar: hay artistas que quieren actuar, grupos que quieren tocar, hosteleros que plantean actividades y vecinos que, al mismo tiempo, necesitan descansar.

Nuestra labor consiste en buscar el equilibrio entre todos esos intereses. Nunca se consigue contentar a todo el mundo, pero intentamos que cada decisión tenga en cuenta tanto el disfrute de las fiestas como la convivencia.

¿Qué acto le genera más preocupación desde el punto de vista organizativo?

Curiosamente, no son los grandes actos. Los conciertos, los festejos taurinos o los fuegos artificiales cuentan con empresas especializadas que se encargan de gran parte de la organización.

Lo que más trabajo genera son las actividades de pequeño formato repartidas por distintos puntos de la ciudad. Ahí el Ayuntamiento tiene que coordinar directamente escenarios, sonido, iluminación, suministro eléctrico, grupos, permisos y toda la logística necesaria.

Son actos que quizá pasan más desapercibidos para el público, pero requieren una enorme dedicación porque cualquier pequeño detalle depende directamente de la organización municipal.

¿Hay algún momento durante las fiestas en el que consiga relajarse y disfrutarlas como una tudelana más?

Sí. Los momentos de mayor tensión llegan antes de que empiecen los actos. Una vez arrancan, es como una novia después de decir el «sí, quiero»: ya no queda otra que disfrutar y resolver lo que vaya surgiendo.

Eso sí, nunca desconecto del todo. Durante las fiestas el teléfono está constantemente sonando y siempre existe la preocupación de que ocurra algún imprevisto.

Paradójicamente, el momento en el que más nerviosa estoy es durante la misa y la procesión de Santa Ana. Son varias horas en las que, por respeto al acto institucional, no llevo el teléfono encima y me genera cierta inquietud no poder atender cualquier incidencia que pueda surgir en la ciudad.

¿Dónde sitúa el equilibrio entre tradición e innovación?

Creo que las fiestas deben mantener su esencia, porque hay tradiciones que forman parte de la identidad de Tudela y no tendría sentido modificarlas. La procesión de Santa Ana, la ofrenda floral, los encierros o el chupinazo son actos que deben seguir siendo el eje de las fiestas.

La innovación tiene que llegar en aquello que complementa el programa. Por eso apostamos por mejorar la ambientación de la ciudad o introducir pequeños cambios que hagan las fiestas más atractivas sin perder su identidad.

¿Qué novedad de estas fiestas cree que va a sorprender más a los tudelanos?

Este año vamos a seguir reforzando la decoración de la ciudad. El éxito que tuvo el pasado año el toldo de colores nos animó a seguir por ese camino y vamos a ampliar la ambientación a nuevas zonas, como Mercadal o Concarera.

La idea es que cualquier persona que llegue a Tudela perciba inmediatamente que la ciudad está en fiestas. Igual que ocurre en Navidad o durante otros eventos importantes de la ciudad, queremos que las calles transmitan ese ambiente especial.

Si tuviera que elegir un acto del programa que represente mejor las fiestas de Tudela, ¿cuál sería?

Sin duda, el chupinazo. Es el único momento en el que prácticamente toda la ciudad está reunida en un mismo lugar. Después cada uno vive las fiestas a su manera: unos se marchan con su peña, otros disfrutan de las ferias, de los conciertos o de los bares, pero durante el chupinazo todos compartimos la misma emoción. Es el acto que mejor representa el sentimiento colectivo de las fiestas de Santa Ana.

¿Hay algún acto que considere infravalorado y que merezca más protagonismo?

Quizá los festejos taurinos. Como aficionada me gustaría que recuperaran parte del público que tuvieron hace años, aunque es cierto que en las últimas ediciones se ha apreciado una ligera mejoría.

También destacaría los homenajes que se realizan durante las fiestas, como los dedicados a los Tudelanos Populares o Ausentes. Son actos muy emotivos y siempre cuentan con una gran respuesta del público.

Además, echo de menos tradiciones que se han ido perdiendo con el paso del tiempo, como la presencia de los Auroros, cuyo relevo generacional no ha sido posible mantener.

Una de las demandas recurrentes es una programación más atractiva para los jóvenes. ¿Se está consiguiendo conectar con ellos?

Los jóvenes tienen muy claro lo que quieren: piden DJs prácticamente por encima de cualquier otra propuesta.

Nosotros intentamos ofrecerles ese tipo de programación, como la Fiesta Joven, pero al mismo tiempo buscamos mantener una oferta variada para todos los públicos. Personalmente disfruto más de la música en directo, con grupos y orquestas, pero entiendo que cada generación tiene sus preferencias.

Por eso el programa combina conciertos, tributos, orquestas, versiones y sesiones de DJs para intentar llegar a públicos muy diferentes.

La programación musical vuelve a ser uno de los grandes atractivos. ¿Cómo se diseña esa oferta?

Cada año intentamos que exista un equilibrio entre estilos musicales. Alternamos orquestas, grupos, tributos y conciertos para que haya propuestas para públicos de distintas edades.

Este año, por ejemplo, destaca la actuación de Mago de Oz y un espectáculo que está considerado el mejor tributo internacional a Michael Jackson, en el que incluso participa una de las guitarristas que formó parte de la banda del artista.

Muchas veces los ciudadanos preguntan por grandes nombres de la música nacional o internacional, pero hay que tener en cuenta que un ayuntamiento tiene importantes limitaciones. No solo económicas, sino también técnicas y logísticas.

¿Alguna novedad más?

Hemos adquirido una nueva grada con capacidad para unas 400 personas y una carpa para las Noches del Queiles. Son inversiones importantes porque no solo mejoran la comodidad del público y de los artistas durante las fiestas, sino que podrán utilizarse posteriormente en actividades deportivas, culturales y sociales organizadas por el Ayuntamiento mejorando la calidad de los eventos que se celebran en Tudela.

¿Cómo imagina las fiestas de Tudela dentro de diez años?

Creo que la esencia de las fiestas seguirá siendo la misma porque hay tradiciones que forman parte de la identidad de Tudela y que difícilmente cambiarán.

Lo que sí creo es que la organización será cada vez más compleja. En los últimos años hemos visto cómo aumentan las exigencias administrativas, los planes de seguridad, los controles de ruido o los permisos necesarios para cualquier actividad.

La Administración también es víctima de esa burocracia y cada año organizar las fiestas requiere más trabajo y más documentación. Espero que dentro de diez años sigamos disfrutando de las mismas fiestas, aunque probablemente con una organización mucho más exigente.

¿Hay tradiciones que considera intocables?

Sí. Hay actos que forman parte de la historia de Tudela y que no deberían modificarse mientras la propia sociedad siga queriendo mantenerlos.

La procesión de Santa Ana, la ofrenda floral, el chupinazo o los encierros son elementos que definen nuestras fiestas. Otra cosa es que determinadas tradiciones desaparezcan por sí mismas, como ocurrió con los Auroros, por falta de relevo generacional. Pero mientras exista esa voluntad colectiva, creo que deben conservarse.

¿Cuál es la crítica más repetida que recibe durante las fiestas?

Las críticas no suelen dirigirse tanto a la organización como a cuestiones derivadas de la propia convivencia.

Las quejas más habituales tienen que ver con la suciedad que puede quedar en algunas calles a primera hora de la mañana, con comportamientos incívicos o con las molestias que generan determinadas zonas de ocio.

Es lógico que haya vecinos que planteen estas cuestiones y procuramos atenderlas lo antes posible, pero no percibo un rechazo generalizado hacia la organización de las fiestas.

¿Qué reclamación vecinal le parece más razonable y cuál es la más difícil de resolver?

La convivencia entre quienes quieren disfrutar de las fiestas y quienes necesitan descansar siempre es la cuestión más delicada.

Entiendo perfectamente a los vecinos que piden poder dormir, igual que entiendo a quienes esperan todo el año para vivir intensamente las fiestas. Nuestro trabajo consiste precisamente en buscar ese equilibrio.

Hay horarios establecidos que apenas han variado en los últimos años y tratamos de concentrar los horarios especiales en los días de mayor afluencia. Nunca es sencillo, pero creemos que es la mejor forma de compatibilizar ambos intereses.

¿Cuál fue la primera imagen festiva de Tudela que le marcó cuando era niña?

Mis recuerdos de infancia están muy ligados a la feria. Recuerdo las tómbolas, las luces, el ambiente y, sobre todo, los ponis. Me encantaban y podía pasarme horas allí.

También conservo fotografías de las procesiones junto a mis abuelos y de aquellos paseos por las fiestas. Esos son los primeros recuerdos que tengo de Santa Ana.

Esos recuerdos de la feria siguen siendo los que primero me vienen a la cabeza.

¿Qué momento espera con más emoción cada año?

Sin ninguna duda, el chupinazo.

¿Qué siente cuando escucha el «¡Viva Santa Ana!» desde una Plaza Nueva abarrotada?

Siento muchísima emoción y también, por qué no decirlo, una cierta envidia sana.

Me alegro enormemente por quienes tienen el privilegio de lanzar el chupinazo, porque sé que es un momento inolvidable, pero después de tantos años organizando las fiestas también pienso que sería una experiencia preciosa poder vivirlo alguna vez desde ese balcón. No puedo evitar pensar que sería un honor poder lanzar algún día el cohete.

¿Cuántas horas duerme durante las fiestas?

Muy pocas. Los primeros días apenas descanso tres o cuatro horas. Intento estar presente en los conciertos, en los encierros y en la mayor parte de los actos, así que el descanso pasa completamente a un segundo plano. Al final terminas las fiestas afónica, con los pies destrozados y físicamente agotada, pero merece la pena cuando ves que todo ha salido bien.

Cuando terminan las fiestas, ¿qué sensación le queda: alivio, tristeza o ganas de empezar a preparar las siguientes?

Un poco de todo. Sientes alivio porque por fin puedes descansar después de muchos meses de trabajo y de siete días de máxima intensidad, pero también aparece una sensación de vacío difícil de explicar. Siempre digo que sufro una especie de «mini depresión» durante los días posteriores. Pasas de vivir pendiente del teléfono las veinticuatro horas del día a que, de repente, todo se detenga. Después de tantos meses de actividad cuesta acostumbrarse a esa tranquilidad. Es una sensación que también me ocurre cuando termina la Navidad.

Un acto. El chupinazo.

Un olor de fiestas. La albahaca.

Una calle. Herrerías.

Una peña. Andatu.

Un sonido. Las orquestas.

Un recuerdo. Haber presidido una corrida de toros.

Un día de las fiestas. El 24 de julio.

Santa Ana en una palabra. Abuela.

Las fiestas de Tudela en una frase. Las fiestas de Tudela no brillan por sus actos, brillan por su gente.

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