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Hay laboratorios sin microscopios, sin probetas y sin batas blancas. En el IES Valle del Ebro el proyecto Laboratorio de Historia trabaja con otro tipo de muestras: actas municipales, periódicos amarillentos, panfletos, pegatinas y fotografías en blanco y negro. Documentos que, lejos de permanecer dormidos en el archivo, han cobrado nueva vida gracias a los alumnos de segundo de Bachillerato de la asignatura de Geografía e Historia de Navarra.

El primer fruto de esta experiencia es la exposición “Vísperas de Libertad. Papeles de la Transición en Tudela y su Ribera”, una exposición que puede verse en Instituto Valle del Ebro que se adentra en uno de los periodos más activos de la historia reciente desde una mirada local apoyada en los fondos del Archivo Municipal y con el que los alumnos y alumnas, en un momento en el que la información se consume con rapidez y a menudo sin contexto, invitan al espectador a detenerse, a leer y a contrastar. A entender que detrás de cada derecho conquistado hubo debates, tensiones, incertidumbres y también esperanza.

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La historia como ciencia

“Hace un año, el departamento de Geografía e Historia nos habló de un laboratorio de historia. Yo lo asociaba a microscopios y fórmulas”, ha confesado la directora del centro, Alicia Marín. “Pronto comprendí que la historia también se investiga con método y con rigor, que los documentos son muestras y que formular preguntas, contrastar fuentes y sacar conclusiones también es hacer ciencia”.

Esta idea contiene la filosofía del proyecto impulsado por el departamento de Geografía e Historia del instituto tudelano. Pasar de memorizar fechas a interpretar procesos, de repetir contenidos a construir conocimiento. El laboratorio supone, ha destacado Marín, “una apuesta clara por una educación activa, crítica y conectada con el entorno”.

El alumnado no se ha limitado a estudiar la Transición; ha trabajado con documentos reales, ha debatido su significado y ha elaborado paneles con su propio lenguaje. “Si lo hubiésemos hecho los profesores, nos habría salido algo más rancio”, reconocía el coordinador del proyecto, el profesor Manuel Santos que no ha dudado en destacar la “frescura de sus miradas”.

La Transición desde las calles de Tudela

La exposición sitúa el foco en cómo se vivió la Transición en la capital ribera y su comarca. Como ha recordado Marín, “la Transición no solo ocurrió en grandes escenarios políticos; también ocurrió aquí, en nuestras calles, en nuestras plazas, entre nuestros vecinos”.

Para los estudiantes sumergirse en esa época ha supuesto todo un contraste generacional. Han descubierto que, en aquellos años, un cartel pegado en una pared, un panfleto repartido a la entrada de una fábrica o una pegatina reivindicativa eran el equivalente a lo que hoy es una publicación en las redes sociales. La comunicación política y social circulaba en papel, en mano, en espacios físicos compartidos. Las imágenes no se deslizaban en una pantalla. Se leían, se guardaban, y, gracias a muchas personas anónimas, se archivaban y, hoy comprender cómo se construía la opinión pública en un tiempo sin internet y sin inmediatez digital.

Un espacio físico y también inmaterial

Manuel Santos ha definido el proyecto de Laboratorio de Historia como un espacio con una doble dimensión. “Es un archivo, una sala de reuniones, un taller de fuentes orales, un espacio de trabajo. Pero también queremos que sea un espacio inmaterial, un entorno de investigación, comunicación y colaboración con entidades locales y con la ciudadanía”.

El proyecto, ha recordado, se apoya en la colaboración con el Ayuntamiento y el Archivo Municipal de Tudela, que han facilitado el acceso a fondos documentales y materiales históricos y que el alumnado se sienta, en palabras de la directora del IES Valle del Ebro, “responsable, partícipe y protagonista”.

Además de los documentos oficiales, la exposición incluye materiales donados por particulares: periódicos, fotografías, pegatinas o publicaciones de la época. La muestra se completa, además, con un vídeo que recoge el trabajo en fuentes orales en el que participan protagonistas locales que vivieron aquellos días en primera línea como Sixto Iragui, Fernando Puras, Ana Figueras, Txaro Berzosa, Juan Belzunegui, Julio Vicente, Encarna Sánchez, Mariano Gracia, Pepe Alfaro, Manuel Campillo, Inés Redondo, Ignacio Milagro, Milagros Rubio, Félix Rodrígo, Toti Salcedo, Javier Navarro, Toña Navarro, José Mª Blanzako, Jan Díez o José Samanes entre otros.

Educar ciudadanos conscientes

El centro educativo, involucrado en iniciativas innovadoras como el Bachillerato Bi+, apuesto por este proyecto como una forma de educación cívica. “Queremos que se consolide como una seña de identidad del instituto”, ha indicado Marín. “Un espacio donde el alumnado aprenda que la libertad, los derechos y la democracia tienen historia, y que comprenderla es también formar ciudadanos”.

En un momento en el que la información se consume con rapidez y a menudo sin contexto, la iniciativa invita a detenerse, a leer, a contrastar. A entender que detrás de cada derecho conquistado hubo debates, tensiones, incertidumbres y también esperanza.

El Archivo Municipal como herramienta educativa

Fernando Ferrer, concejal responsable del Archivo Municipal,  ha querido destacar durante  la importancia de acercar los fondos documentales a los jóvenes y reforzar el vínculo entre el instituto y la memoria local. En este sentido ha resaltado la “suerte” que tiene la ciudad de contar con un archivo de gran riqueza documental y ha animado al alumnado a utilizarlo y a descubrir “la cantidad de fondo bibliográfico y documental” que conserva.

Ferrer ha puesto el foco en la relevancia de lo local como punto de partida para comprender los procesos históricos y ha valorado el proyecto del Laboratorio de Historia como una iniciativa que fomenta la lectura crítica de documentos y el análisis riguroso del pasado. “Lo importante es leer bien, entender lo que ocurrió y disfrutarlo”, ha concuído invitando a los estudiantes a seguir investigando y aprovechar este recurso público.

Al encuentro de los estudiantes

Íñigo Ochoa, archivero municipal ha recordado que una de las funciones esenciales de un archivo es conservar documentos, pero también difundirlos y acercarlos a la ciudadanía, especialmente a los estudiantes. «El reglamento del propio Archivo establece la obligación de promover exposiciones y actividades culturales que permitan conocer “las raíces y el pasado de la ciudad. Si los alumnos no acuden al Archivo, el Archivo debe salir a los centros educativos», ha señalado.

Ochoa ha recordado que muchos de los fondos pertenecen a donaciones particulares —revistas, libros, fotografías y documentos familiares— que hoy forman parte de la memoria colectiva de Tudela. Un gesto que ha agradecido, ha dicho, porque amplía los fondos documentales y refuerza el valor del Archivo como herramienta viva para la investigación histórica.

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