Tudela vivió el Día de Reyes una celebración muy especial, un cumpleaños simpático y compartido por muchas personas que lo han hecho posible. Han pasado cuarenta años desde que el 6 de enero de 1986, Sancho el Fuerte y Juan de Labrit llegaran a la ciudad como un auténtico regalo de Reyes y dieran el primer paso para configurar la actual comparsa de gigantes de Tudela, convertida en la actualidad en uno de grandes símbolos culturales y festivos de la capital ribera.
Aquel gesto colectivo que se empujó desde distintos rincones de Navarra fue mucho más que dos figuras. Fue una donación, un regalo pensado para la ciudad, fruto del compromiso de personas y colectivos que creían en la tradición como elemento vivo. “Una historia hecha de madera, de música y de baile, pero sobre todo de personas, de ilusión y de compromiso”, recordó Joaquím Torrens durante el acto conmemorativo celebrado en el patio de Castel-Ruiz con una climatología antipática y adversa como la de hace cuatro décadas.

La historia de aquellos gigantes no puede entenderse sin la música, y especialmente sin el papel decisivo que desempeñaron los gaiteros de Pamplona, con Javier Lacunza como figura clave. Ellos impulsaron una nueva forma de entender los gigantes en Navarra, profundamente ligada a la cultura, la historia y la identidad de Navarra. Aunque no pudieron estar presentes por compromisos coincidentes con el 25 aniversario de su entrada en la Catedral de Pamplona, sí estuvieron representados por Lacunza y las palabras de José Luis Fraile que compartió con el público el presidente de la Compasa de Tudela, Íñigo Castellano.
Dos gigantes y un compromiso
Fraile recordó como el impulso musical coincidió con un momento de reencuentro de Navarra con su historia festiva. Los gaiteros que durante décadas habían animado la capital ribera llegaban al final de su trayectoria y Tudela miró al futuro llamando a los gaiteros de Pamplona, que respondieron integrándose plenamente en la vida social y cultural de la ciudad: pasacalles, bailables, festejos taurinos y celebraciones populares. De esa relación, recordó, surgió también la idea de la comparsa de gigantes.

En reuniones tan animadas como decisivas, y ante la falta de recursos municipales, se fraguó una solución colectiva: con la colaboración de comparsas, gaiteros y entidades arraigadas en la cultura navarra, se hizo posible la creación de los nuevos gigantes. La elección de Sancho el Fuerte, estrechamente vinculado a Tudela, y Juan de Labrit, rey de Navarra, fue casi unánime. Aquellos dos gigantes no llegaron solos, llegaron con un compromiso de que ambos Reyes no quedarán “célibes” y el 24 de julio de ese mismo año, Sancho el Fuerte y Juan de Labrit salieron a las calles de Tudela para bailar con Sancha y Catalina de Foix.
La Orden del Volatín, colaboradores necesarios
Durante el acto, la Orden del Volatín recibió un emotivo reconocimiento por su papel como motor e impulsora de la cultura popular desde 1975. Su papel, discreto pero decisivo, como recordó Antonio Sáez, miembro de la entidad, fue recordado y reconocido durante el acto del 40 aniversario.

Su implicación constante en la defensa y promoción de las tradiciones sentó las bases para que, en 1986, pudiera materializarse un proyecto que cambiaría para siempre la fisonomía festiva de la ciudad.
Como se recordó en el acto la llegada de Sancho el Fuerte y Juan de Labrit el 6 de enero de 1986 no fue un hecho casual, sino el resultado de una suma de voluntades. “La Orden del Volatín (presidida entonces, por José Antonio Castellano Huarte, padre del actual presidente de la Comparsa) no figuró como promotora legal pero sí actuó como “cooperadora necesaria”. Siendo una de las entidades que ayudó a tejer la red que hizo posible la donación de los dos gigantes al Ayuntamiento de Tudela y, por extensión, a la ciudad.
“Los gigantes son memoria en movimiento y el corazón de Tudela”
El actual presidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Tudela, Íñigo Castellano, definió a los gigantes como “memoria en movimiento”, figuras bajo las que han latido durante cuatro décadas los corazones de cientos de dantzaris, músicos y vecinos de Tudela. Recordó que no se trata solo de madera y cartón, sino de un patrimonio vivo que ha acompañado a varias generaciones, adaptándose a los cambios sociales sin perder su esencia. “En tiempos convulsos y polarizados, pocas cosas unen tanto como los gigantes”, señaló, subrayando su capacidad para reunir a niños, mayores y familias en torno a una tradición compartida que trasciende ideologías y edades.

El presidente incidió también en arraigo de las figuras, afirmando que la comparsa es lo que es porque Tudela ha creído en ella y la ha acompañado fielmente durante 40 años. “Los gigantes solo cobran sentido cuando bailan en las calles de Tudela, junto a la gente que los sostiene y los quiere”, y que aunque han viajado y representado a la ciudad fuera, su verdadera razón de ser está en casa.
Uno de los momentos más emotivos de su intervención llegó al referirse a todas las personas que han formado parte de la comparsa desde sus inicios. Agradeció expresamente a quienes pusieron “las piernas a los gigantes” y tuvo un recuerdo especial para quienes ya no están.
Fundadores
Castellano destacó el papel fundamental de los fundadores, José Luis Balmaseda, José Luis Calleja, Javier Calvo, Javier Castellano, Pedro Domínguez, Alejandro Gil, Juan Ramón Marín, Miguel Ángel Martínez, José Ángel Munarriz, Cándido Rubio, Juan Sainz y él mismo, el de los gaiteros de Pamplona y Tudela y de entidades como la Orden del Volatín, a quienes definió como pilares indispensables para la creación y consolidación de la comparsa. También a quienes han puesto cuerpo y corazón. “Nada de esto se entendería sin el trabajo colectivo, sin la generosidad y sin la conspiración positiva de muchas personas y asociaciones”, afirmó.

Mirando al futuro, el presidente apeló al compromiso compartido. “Nosotros seguiremos poniendo las piernas a los gigantes y a los cabezudos; vosotros seguiréis poniéndoles el corazón”, concluyó.
Toquero: “No son solo figuras que recorren nuestras calles”
El alcalde de Tudela, Alejandro Toquero, subrayó durante el acto que la celebración del 40 aniversario de los gigantes Sancho el Fuerte y Juan de Labrit va mucho más allá de una efeméride festiva. “Hoy no solo celebramos el día de Reyes, celebramos cuarenta años de ilusión compartida, de trabajo colectivo y de una tradición que ha sabido mantenerse viva gracias al compromiso de muchas personas”, afirmó.
Toquero recordó que los dos primeros gigantes marcaron el inicio de un camino inseparable de la vida cultural y festiva de la ciudad. Dos reyes de Navarra, estrechamente vinculados a Tudela y a su historia, que se convirtieron desde el primer momento en símbolos de identidad y encuentro entre generaciones.

El alcalde destacó que los gigantes “no son solo figuras que recorren nuestras calles”, sino elementos capaces de crear recuerdos duraderos, de unir a niños, familias y mayores en torno a una misma emoción. “Han acompañado a varias generaciones de tudelanos y tudelanas, formando parte de su memoria personal y colectiva”, señaló.
Agradeció de manera expresa a la comparsa de gigantes y cabezudos, así como a todas las personas que, durante cuatro décadas, han hecho posible que esta tradición siga viva con dedicación, esfuerzo y arraigo a Tudela.












