plantas biogás
Eduardo Navascués y José Antonio Pérez Nievas, de Ecologistas en Acción de Navarra
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Ecologistas en Acción de Navarra presentó este miércoles su «Informe sobre las plantas de biogás y el digestato. Riesgos para los suelos agrícolas, el agua y el territorio en Navarra». La organización defiende que el digestato, el residuo que queda tras producir biogás, no es inocuo, debería tratarse como un residuo y no debería aplicarse como abono en suelos agrícolas. Eduardo Navascués y José Antonio Pérez Nievas expusieron las conclusiones.

Del interés inicial a la precaución

Eduardo Navascués explicó que su planteamiento ha ido evolucionando. Al principio, la idea de aprovechar residuos para producir energía les parecía, dijo, «interesante», aunque no se tratara de energía renovable. La postura de la organización cambió tras hablar con dos expertos: José Ramón Olarieta, doctor en edafología y profesor de la Universidad de Lleida, y Nicolás Olea, catedrático emérito de la Universidad de Granada especializado en tóxicos y disrupción endocrina. Desde entonces, la organización defiende «la precaución».

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El informe cifra en 23 las plantas que podría haber en Navarra si se autorizan todos los proyectos: 6 en funcionamiento, 15 privadas en exposición pública y 2 de promoción pública. Para Ecologistas, sin embargo, el problema no es el número, sino la calidad y la cantidad de los residuos que se tratan.

Contaminantes que no se analizan

El eje del informe es el control. Según la organización, ni la normativa europea, ni la estatal, ni la foral exigen analizar contaminantes como los PFAS (los llamados «contaminantes eternos»), los microplásticos, los antibióticos o los medicamentos veterinarios. Añaden que tampoco se hace un barrido completo de metales pesados y citan el cromo como ejemplo.

Para ilustrar el riesgo, recuerdan lo ocurrido con los nitratos. Navarra tiene declaradas 12 zonas vulnerables a la contaminación por nitratos de origen agrario, que suman 247.955 hectáreas. Dos de ellas incluyen Tudela en su denominación: el aluvial del Ebro Tudela-Alagón y el aluvial Ebro-Aragón Lodosa-Tudela. «Si con los nitratos tenemos un serio problema, ¿qué pasará con el resto de contaminantes?», plantean.

Navascués subrayó además que esos contaminantes no desaparecen en la digestión. Según el informe, de lo que se reduce una parte es de la materia orgánica, que es precisamente lo que más necesitan los suelos españoles. Olarieta, explicó, recomienda usar esos residuos mediante compostaje, porque un buen compost es mejor que un digestato. El informe ordena además los digestatos por su peligrosidad según su origen: los restos de agricultura ecológica son los menos problemáticos y los lodos de depuradoras industriales los más. Los de lodos de depuradoras urbanas ocupan el segundo puesto más alto.

El proyecto de Tudela

Ahí entra el proyecto de la planta de biogás asociada a la depuradora de Tudela, promovido por la sociedad pública Nilsa, que según el informe usaría lodos de depuradora urbana. Los portavoces indicaron que el proyecto está a la espera de la resolución de un último recurso y dijeron esperar que no se construya.

Ecologistas critica que en la planta de Arazuri el digestato se entregue gratis a los agricultores y que se haría lo mismo en Tudela. Reconocen que esa medida puede suponer un ahorro de entre 2.000 y 3.000 euros anuales para grandes explotaciones, pero la califican de «regalo envenenado» por su bajo contenido en materia orgánica y por los contaminantes que, a su juicio, contiene. También advierten del riesgo de crear «zonas de sacrificio»: como el transporte encarece repartir el digestato, este se concentraría cerca de la planta.

Plantas pequeñas, sí; macroplantas, no

Desde Ecologistas aclararon que no rechazan toda planta de biogás. Consideran que pueden tener sentido las pequeñas, vinculadas a explotaciones agroganaderas, que traten residuos donde se generan. Critican en cambio que los proyectos actuales sean macroplantas que traen residuos desde muy lejos, con el consiguiente consumo de combustible y emisiones. También señalaron que ninguno de los proyectos presentados incluye un balance energético.

Como alternativa, proponen destinar los residuos limpios al compostaje y usar los digestatos contaminados, por ejemplo, para sellar vertederos. A los ayuntamientos les animan a regular el abonado en sus terrenos comunales mediante ordenanzas y pliegos. Citan como ejemplo la Comunidad de Bardenas Reales, que prohíbe en su ordenanza el uso de purines y vertidos de origen animal o vegetal en su territorio y cuya norma, según recordaron, ganó un recurso presentado por la Asociación del Porcino.

La moratoria

El Parlamento de Navarra amplió hasta el 31 de diciembre de 2028 la moratoria a nuevos proyectos de plantas de biometano. Ecologistas valora que haya una pausa para reflexionar, pero advierte de que, si al final se sigue el mismo camino, será «tiempo perdido». Pide que se aproveche para cambiar el modelo de gestión de residuos y para que el futuro decreto foral sobre estiércoles y digestatos no deje sin control los tóxicos que, según la organización, contienen.

Entre sus conclusiones, Ecologistas insiste en que «no podemos tratar nuestros suelos agrícolas como un vertedero» y que la economía circular debería empezar por reducir los residuos. Considera que la mayoría de los proyectos son insostenibles y representan un «lavado verde» de un modelo agroindustrial caduco.

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