Profesionales del servicio de urgencias del Hospital Reina Sofía

El servicio de urgencias del Hospital «Reina Sofía» ha sido uno de los mejores testigos de la evolución de la pandemia. Sus profesionales, asegura David Cambra, actual jefe del servicio con una experiencia profesional dos décadas en servicios de urgencias, comentan que la pandemia ha absorbido por completo el trabajo de los profesionales «con una dedicación casi exclusiva».

La pandemia, reconoce, ha sido todo un reto profesional para los facultativos, con cambios casi a diario en la forma de atender a los pacientes con COVID sin descuidar el resto de enfermedades, explica. A nivel personal, desvela el responsable de Urgencias, «he tenido una obsesión: procurar que nadie de nuestro servicio o ningún paciente bajara la guardia y mantuviera la precaución para evitar que se contagiara».

Cambra recuerda que el servicio de urgencia ha estado abierto sin interrupción durante toda la pandemia. «No solo ha sido la puerta de entrada a los pacientes más graves de COVID, sino también a los leves y al resto de enfermos. Siempre en alerta constante para que no se juntaran ambos circuitos, el circuito Covid y el circuito general. Muchas veces, sobre todo al principio, nos hemos visto como refugio de las personas que no sabían dónde acudir y hemos vivido situaciones muy dolorosas en pacientes y acompañantes», asegura.

Pese a la súbita irrupción del virus en nuestras vidas, Cambra considera un acierto la previsión que se realizó en el Hospital de Tudela, que a mediados de febrero tenía preparados muchos de los procedimientos que luego fue necesario aplicar. «Cuando en marzo “explotó” toda la vorágine del coronavirus, pudimos hacer frente a la gran afluencia de pacientes de la forma más ordenada que pudimos. Y desde entonces, nos hemos mantenidos con cambios constantes para actualizarnos ante cualquier novedad que se conocía. Actualmente vamos por la versión 12 del procedimiento, a más de una por mes… Nuestro servicio es pequeño y dispone de los espacios justos, por lo que hemos ido tomando prestadas otras ubicaciones e ir inventando circuitos conforme cambiaba la epidemia. La respuesta de todos los profesionales ha sido ejemplar», resalta.

Una lección de humildad

Además del reto profesional, Cambra reconoce que la pandemia ha sido toda una lección de humildad ante lo que supone para la sanidad y la sociedad en general. «Por muy preparados que nos creamos que estamos o muy avanzada que esté la ciencia, siempre puede aparecer una enfermedad nueva que paralice todo el sistema y te haga replantearlo todo de nuevo».

Así, de una primera ola donde todo era nuevo, Cambra elogia la impresionante reacción de la sociedad, «tomando todas las medidas de precaución y evitando los contactos. Los pacientes con infección por coronavirus o sus contactos, solo acudían en caso de empeoramiento y necesidad de atención medica. Los servicios del hospital cesaron su actividad, quedando solo los esenciales. Por eso, dispusimos de espacios para salas de espera y consultas diferenciadas para pacientes infecciosos y para el resto. Además, la afluencia de pacientes a Urgencias cayó desde los máximos históricos que habíamos tenido en enero y febrero por la gripe, a prácticamente atenderse exclusivamente a pacientes con Covid. Todo esto nos facilitó la atención urgente a ellos y al resto de enfermedades». No duda de que fueron los más duros, con un material que, aunque nunca faltó, si estaba limitado «y con un temor al contagio que nos hizo permanecer alerta constante».

En esta segunda ola, «ya estábamos preparados y conocíamos algo más de la enfermedad», aunque sí que asume que no se esperaba que llegara tan pronto con un incremento de casos al final del verano. «La diferencia ha sido muy importante: El resto de servicios han seguido funcionando de forma habitual y no hemos podido disfrutar de los espacios que “tomamos prestados” en la otra ola. Casi a diario y según turnos, hemos ido variando las salas de espera y ubicación de los pacientes».

También, comenta, la gestión de esta segunda ola ha sido mucho más complicada en el servicio. Muchos sanitarios del servicio no pudieron disfrutar de sus vacaciones por lo que el cansancio acumulado ha sido importante, la ola está siendo más larga en el tiempo y el número total de pacientes atendidos e ingresos es mayor, aunque más espaciados en el tiempo. Además la atención de urgencias a pacientes no COVID ha vuelto a la normalidad, siendo más difícil su atención y el manejo de circuitos diferenciados. «Otra cosa que hemos visto es que pacientes con covid leve y personas que son contactos de algún enfermo, han salido de casa y han acudido a urgencias, muchas veces por cuestiones banales, algo que pone en peligro a otros pacientes más vulnerables». Por ello, Cambra vuelve a insistir en la necesidad  de que cualquier paciente con PCR (o test de antígenos) positivo o a la espera de resultado no salgan de sus domicilios, «y en el caso de contactos, este aislamiento debe mantenerse, aunque el resultado sea negativo».

En ambos periodos, afirma, «sin el gran esfuerzo de los profesionales, no hubiese sido posible salir adelante. Es algo que debo agradecer, así como su ayuda aportando ideas y en el manejo de la situación».

«Sanitarios y autoridades debemos emitir mensajes claros y veraces, además de ser ejemplo»

El director de Urgencias del Hospital «Reina Sofía» considera que en estos duros meses de pandemia la sociedad, en su gran mayoría, ha actuado con un sentido muy responsable de sus actos y ha sido consecuente con lo que se le ha pedido. «Quizás se han recibido mensajes diferentes y contradictorios, que han hecho que existan personas que pongan en duda algunas medidas. En este sentido, creo que los sanitarios y autoridades debemos emitir mensajes claros y veraces, además de ser ejemplo», reclama.

De cara a los próximos días de Navidad, Cambra no duda en que no habrá que bajar la guardia y seguir con las medidas de protección, (distancia social, mascarillas, higiene de manos, evitar contactos con no convivientes). Si hacemos visitas a familiares, recomienda mantener la distancia, seguir con mascarilla y en caso de comer juntos, «evitar la misma mesa entre los no convivientes. Ya sé que esto es muy difícil, pero es inevitable si no queremos ponernos en riesgo».

De nosotros depende poner más pronto que tarde a esta situación tan compleja. «Aun con la vacuna, deberemos esperar a conocer la respuesta inmune; cómo se produce y cuánto se mantiene. Por eso, creo que una normalidad semejante a la previa, no será posible hasta finales de 2021 y siempre manteniendo medidas preventivas», concluye.